Los blancos aplastan al Schalke con una estelar actuación de su trío de ataque
SCHALKE 04 1 - 6 REAL MADRID
Ha sido esta primera tanda de cruces de octavos una declaración de intenciones de prácticamente todos los líderes de grupo. Salvo el United, que se estrelló en Atenas, y el Chelsea que ha empatado a un gol en Estambul, todos los demás han solventado sus partidos de ida con victoria. La del PSG y, sobretodo, la del Madrid, huelen y mucho a serio aspirante.
Se agarraba el Schalke en la previa a su condición teutona para intentar intimidar a los de Carlo Ancelotti, y no era baladí la estadística: en veinticinco partidos en territorio germano, el Madrid sólo había conseguido cosechar una victoria. Si le sumaban a eso el empuje de los más de cincuenta mil espectadores que abarrotaban el Veltins Arena, ya tenían los jugadores alemanes un clavo moral al que agarrarse. Pero salieron los jugadores blancos, ayer naranjas, con las ideas muy claras al terreno de juego. Tras el comienzo agresivo local de rigor en esta competición, que se tradujo en una ocasión en el primer minuto, el Madrid comenzó a construir su triunfo desde la posesión. Sin prisa, pero con el gol entre ceja y ceja, cada acercamiento visitante olía a peligro.
En la primera ocasión que se asoció el trío de ases blanco, lo que empieza a conocerse como la BBC, cayó el primer tanto al marcador. Bale encaró con mucha decisión la portería desde el flanco derecho del área y, tirando una pared con Cristiano, el balón se topó con la pierna de Felipe Santana -que vivió un auténtico martirio durante toda la noche-, quedando muerto para que Karim Benzema hiciera lo que ha de hacer: definir. En estas cosas que tiene la Champions, tan sólo un minuto después Draxler, que llegó entre algodones al once, cabeceó a bocajarro dentro del área pequeña y Casillas dejó una de esas estampas que le hacen único. No es que sea el mejor portero del mundo, es que nadie hace esas paradas. Así, la mística de la Champions, dispuesta a colocar el 1-1 en el marcador con un estadio volcado, se topó con la mística de Íker, que comenzó a construir una goleada de escándalo.
Tan sólo siete minutos después, Bale, con otra vez un hambre de gol encomiable, se metió entre un enjambre de piernas para terminar dibujando un disparo seco a la cepa del poste izquierdo de Fährmann, que ahí ya se estaba haciendo una idea de la que le venía encima. El partido siguió con un control absoluto del Madrid, al que sólo parecía quedarle un reto para redondear la noche. Cristiano se encontró a la media hora de juego con el poste, y a partir de ahí buscaría con ahínco su gol.
A la vuelta del descanso nada cambió, el Schalke deseaba que la pesadilla terminara mientras su afición completaba la mejor actuación local de la noche, dando un apoyo ejemplar a los suyos. Cristiano encontró la red con un golazo y cerró la noche en una definición perfecta. Benzema hizo también su segundo tanto y se hinchó a repartir juego. Qué jugador cuando está afinado. Y Gareth Bale, con Sergio Ramos colándose en la relación de asistentes, también aportó su par en medio de una obscena ensalada de ocasiones. De Boateng, ni noticias. De Huntelaar, un postrero gol que figurará seguro en los recopilatorios de final de temporada como uno de los más bellos del año. Poco premio para la agradecida afición de Gelsenkirchen. El Madrid, mientras, se quita de un plumazo la maldición germana y ya está en cuartos. Asustando.




