miércoles, 26 de febrero de 2014

El Madrid es una apisonadora

Los blancos aplastan al Schalke con una estelar actuación de su trío de ataque 

SCHALKE 04 1 - 6 REAL MADRID

Ha sido esta primera tanda de cruces de octavos una declaración de intenciones de prácticamente todos los líderes de grupo. Salvo el United, que se estrelló en Atenas, y el Chelsea que ha empatado a un gol en Estambul, todos los demás han solventado sus partidos de ida con victoria. La del PSG y, sobretodo, la del Madrid, huelen y mucho a serio aspirante. 

Se agarraba el Schalke en la previa a su condición teutona para intentar intimidar a los de Carlo Ancelotti, y no era baladí la estadística: en veinticinco partidos en territorio germano, el Madrid sólo había conseguido cosechar una victoria. Si le sumaban a eso el empuje de los más de cincuenta mil espectadores que abarrotaban el Veltins Arena, ya tenían los jugadores alemanes un clavo moral al que agarrarse. Pero salieron los jugadores blancos, ayer naranjas, con las ideas muy claras al terreno de juego. Tras el comienzo agresivo local de rigor en esta competición, que se tradujo en una ocasión en el primer minuto, el Madrid comenzó a construir su triunfo desde la posesión. Sin prisa, pero con el gol entre ceja y ceja, cada acercamiento visitante olía a peligro.

En la primera ocasión que se asoció el trío de ases blanco, lo que empieza a conocerse como la BBC, cayó el primer tanto al marcador. Bale encaró con mucha decisión la portería desde el flanco derecho del área y, tirando una pared con Cristiano, el balón se topó con la pierna de Felipe Santana -que vivió un auténtico martirio durante toda la noche-, quedando muerto para que Karim Benzema hiciera lo que ha de hacer: definir. En estas cosas que tiene la Champions, tan sólo un minuto después Draxler, que llegó entre algodones al once, cabeceó a bocajarro dentro del área pequeña y Casillas dejó una de esas estampas que le hacen único. No es que sea el mejor portero del mundo, es que nadie hace esas paradas. Así, la mística de la Champions, dispuesta a colocar el 1-1 en el marcador con un estadio volcado, se topó con la mística de Íker, que comenzó a construir una goleada de escándalo.

Tan sólo siete minutos después, Bale, con otra vez un hambre de gol encomiable, se metió entre un enjambre de piernas para terminar dibujando un disparo seco a la cepa del poste izquierdo de Fährmann, que ahí ya se estaba haciendo una idea de la que le venía encima. El partido siguió con un control absoluto del Madrid, al que sólo parecía quedarle un reto para redondear la noche. Cristiano se encontró a la media hora de juego con el poste, y a partir de ahí buscaría con ahínco su gol.

A la vuelta del descanso nada cambió, el Schalke deseaba que la pesadilla terminara mientras su afición completaba la mejor actuación local de la noche, dando un apoyo ejemplar a los suyos. Cristiano encontró la red con un golazo y cerró la noche en una definición perfecta. Benzema hizo también su segundo tanto y se hinchó a repartir juego. Qué jugador cuando está afinado. Y Gareth Bale, con Sergio Ramos colándose en la relación de asistentes, también aportó su par en medio de una obscena ensalada de ocasiones. De Boateng, ni noticias. De Huntelaar, un postrero gol que figurará seguro en los recopilatorios de final de temporada como uno de los más bellos del año. Poco premio para la agradecida afición de Gelsenkirchen. El Madrid, mientras, se quita de un plumazo la maldición germana y ya está en cuartos. Asustando.

Benzema celebra uno de sus goles. AP
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martes, 25 de febrero de 2014

El Pireo deja en evidencia al United

Olympiacos avasalla a los ingleses por intensidad con un gol en cada parte 

OLYMPIACOS 2 - 0 MANCHESTER UNITED

Es esta una eliminatoria extraña, con dos equipos que cada uno, a su manera, habían visto con buenos ojos el emparejamiento que les había deparado la suerte. A los griegos no les pareció del todo mal enfrentarse contra los de David Moyes, porque de todos los primeros de la fase de grupos parecía sin duda el más endeble, absolutamente descartado en la lucha por la Premier y con serias posibilidades de quedar fuera de puestos de Champions, e inmerso en una transición interna tras la retirada de Sir Alex Ferguson que está siendo incluso más difícil de lo que podía preverse. Por otro lado, los de Míchel parecían una perita en dulce para el United, que también podían haber corrido mucha peor suerte en el sorteo con segundos de grupo más experimentados en estas lides, en vez de un equipo que encaraba los primeros octavos de Liga de Campeones de su historia. Además, Mitroglou, el delantero revelación de este campeonato, y principal artífice de la clasificación helena, había puesto rumbo al Fulham inglés en este mercado de invierno, restando gran parte de picante al cruce.

Planteó Michel el partido sin un nueve claro en liza. Con Nelson Valdez, el que vendría a ser el sustituto natural de Mitroglou, en el banquillo, y Javier Saviola lesionado, salió a escena el jovencísimo Olaitan, menudo delantero nigeriano con mucha movilidad entre líneas, secundado por una línea de tres formada por Hernán Pérez, Joel Campbell y un omnipresente Chori Domínguez. Con una intensidad primorosa, Olympiacos avisaba de que no iba a ser una noche fácil para los diablos rojos. A los 2 minutos Evrà ya estaba amonestado por unas manos en la banda, con el público encima. La presión se ejercía muy arriba y las combinaciones eran rápidas, buscando con claridad el marco de De Gea. Así, y tras un primer cuarto de hora de marcada posesión griega, el partido tomaba su posición prevista con el United intentando llevar la iniciativa. Sin embargo, era un empuje inocuo. Mientras Roberto respiraba tranquilo, la principal sensación de peligro venía por la portería red.

Quería Olympiacos el gol, lo demandaba la encendida afición que abarrotaba el Giorgios Karaiskakis, y además se veía posible. Y llegó en un disparo desde media distancia del rocoso Maniatis, que en directo pareció que con fortuna quedaba desviado por algún jugador y despistaba a De Gea. Y sí, así fue, sólo que sin fortuna. El Chori, en una fantástica demostración de olfato, desviaba con la puntera y con toda la intención el balón raso y desviado de su compañero, convirtiéndolo en un inapelable y venenoso disparo que se coló por el desierto poste derecho visitante.

Se creció el combinado de Míchel, y lo siguió intentando con el entendimiento entre sus piezas delanteras. Incluso rozó el segundo antes del descanso con un disparo lejano del paraguayo Hernán Pérez. Mientras tanto, Rooney se desesperaba bajando a crear al medio del campo y Manolas neutralizaba absolutamente a Van Persie, en un desquicie que le duró todo el partido al holandés. 

El descanso lo dejó todo igual, con un Olympiacos que olió sangre y creyó enormemente en sus posibilidades. De esa confianza surgió el segundo gol, obra del ex-bético Campbell, un auténtico golazo. Tras una efectiva combinación con Olaitan y un caño a Carrick, dibujó un precioso y combado chut desde veinte metros a la cepa del poste derecho que colocó el 2-0 en el marcador. La eliminatoria se le había puesto ya oficialmente cuesta arriba al United, que sólo pudo ya intentar aprovechar el previsible bajón físico de los griegos en los minutos que quedaban. Pero se encontró con un Roberto muy seguro por alto, y con que la única ocasión clara de Van Persie en los noventa minutos se fue alta, en una prueba de que el holandés, o bien no estaba, o bien le habían sacado. Al final, Olympiacos aguantó, y si consigue anotar en Manchester, los de Moyes se verán obligados a una auténtica machada. Es Old Trafford, es el Teatro de los sueños y todo puede pasar, pero Míchel tiene realmente a mano seguir haciendo historia.

El capitán Maniatis celebra el primer gol ante Rooney. AFP

domingo, 23 de febrero de 2014

Osasuna castiga al Atlético

El conjunto rojillo supera en todo a su rival en una primera parte perfecta

OSASUNA 3 - 0 ATLÉTICO MADRID

Se habló mucho en la jornada de ayer sobre la alineación del Tata Martino en Anoeta, sobre el poco nivel de exigencia que parecía prever el técnico de un escenario con múltiples precedentes negativos. Pues bien, no fue el del Cholo un error demasiado distinto, tan sólo veinticuatro horas después. En una plaza de enjundia como siempre ha sido el feudo rojillo, Simeone planteó el partido con un dibujo pleno de rotaciones. A Diego Costa, fijo tanto en citas embarradas como en las más lucidas, le acompañaban tres jugadores de ataque marcadamente ligeros y más enfocados hacia la creatividad en estático como Adrián, Villa y Diego Ribas, éste último exhibiendo de nuevo una falta de rodaje considerable. En un recinto en el que las señas de identidad que ha demostrado el Atlético durante toda la temporada suelen ser las directrices para salir victorioso, se mostraron todas ellas ausentes en una primera parte en la que Osasuna apabulló.

Porque no es que el Atlético no tuviera su día. Que también. Es que la primera parte de Osasuna fue primorosa. De manual. Cubriendo todos los aspectos del juego: estrategia, pegada y defensa. El primer gol, obra de Álvaro Cejudo -probablemente el hombre del partido-, fue un gancho directo a la mandíbula del cuadro rojiblanco. El primer córner de la noche demostraba una perfecta ejecución de Osasuna en la estrategia, basculando a toda la defensa hacia el palo corto, y dejando al cordobés solo para fusilar a Courtois. No habían transcurrido diez minutos y los colchoneros ya remaban cuesta arriba contra lo que más les cuesta: su propia medicina.

Jugaba Osasuna como de memoria, con una soltura impropia de un equipo de mitad baja de la tabla, y el Atlético no exhibía orgullo, más bien sesteaba. En esas, los de Javi Gracia sacaron a relucir su pegada escondida. No llegan los navarros en esta temporada a la media de un gol por partido, pero Armenteros se vio con la confianza de, tras recuperar un balón en tres cuartos de cancha, sacar un zurdazo inapelable desde veinte metros directo al palo derecho de la portería rojiblanca, más ajustado imposible. Allá donde ni Courtois llegó. Quedaban noqueados los visitantes, y Osasuna llevaba el partido a su zona de confort, propiciando la tarjeta amarilla para Mario Suárez -e incluso buscando durante unos minutos con insistencia la segunda-, y en volandas de una afición siempre presente y siempre caliente que estaba viviendo una gran noche.

Pasaban los minutos y Osasuna sujetaba perfectamente al Atlético. Hubo incluso un tramo de diez minutos en el que los rojillos dieron un cómodo paso atrás y pareció que cambiaba el tono del encuentro. Pero fue un puro espejismo. Porque justo en ese momento, justo cuando el Atlético intentaba creer, aún sin demasiada fe, en que un gol podía amarrarle al partido antes del descanso, Osasuna volvió a desplegar un ejercicio de ataque apabullante con un contragolpe orientado desde la banda izquierda finalizado con un cabezazo matador, abajo, de Roberto Torres.

Al descanso el Atlético ya era un cadáver. Las salidas de Koke, Raúl García y Arda no dieron electricidad a una contienda que los de Simeone ni amenazaron con voltear. Osasuna disfrutó todo un segundo tiempo en casa de una ventaja de tres goles ante uno de los líderes del campeonato, y el Atlético se tiró todo ese período, en vez de intentando una machada, pensando en cómo narices encarar el match-ball del próximo fin de semana ante el Real Madrid. Si caen, serán dos los partidos de distancia con el liderato. Asunto serio.

Andrés Fernández y Diego Costa, en un lance con el juego parado. EFE

miércoles, 19 de febrero de 2014

Courtois y Diego Costa disparan al Atlético

Los rojiblancos decantan la eliminatoria con un cabezazo del ariete en el tramo final

MILAN 0 - 1 ATLÉTICO MADRID

Es la Liga de Campeones un torneo tradicionalmente asociado a grandes jugadores. Y Courtois y Diego Costa lo son. El primero sostuvo al equipo en un muy incisivo primer tiempo milanista, y el segundo dio un golpe de efecto a la eliminatoria en el minuto 83 con un inapelable testarazo. Se habló y mucho en la previa de la mística de San Siro y de la exigencia de la Champions. Tras un inicio valiente, pasado el primer cuarto de hora el Atlético comprobaría en sus carnes lo fácil que es recibir ocasiones de gol en esta competición. Primero Kaká, con un violentísimo latigazo, y poco después Andrea Poli de cabeza tras un centro desde la derecha de Taarabt se encontraron con el larguero y el poste respectivamente tras sendas apariciones milagrosas de Courtois.

Poco había sorprendido Clarence Seedorf con su dibujo, situando a dos pivotes netamente defensivos como De Jong y Essien en el centro del campo, y situando a Taarabt a banda cambiada, buscándole las cosquillas al punto más flaco de la zaga colchonera hoy por hoy: Insúa. Las internadas del marroquí, el intermitente e indiscutible talento de Kaká y, por supuesto, el ínclito Balotelli sabiéndose alumbrado por los focos le sirvieron al Milán para retrasar la presión rojiblanca y meter el miedo en el cuerpo a los 2500 aficionados rojiblancos que poblaban las gradas de San Siro.

El intermedio nos trajo un escenario que empieza a ser habitual esta temporada en las grandes citas a domicilio del Atlético. Tras un primera parte oficiosa, salir a ganar en la segunda. Sabía el cuadro madrileño que el Milán, por físico, no iba a aguantar el ritmo de los primeros 45 minutos, y salieron con una marcha más. Las líneas se adelantaron y Diego Costa comenzó a sentirse más cómodo. En un primer aviso, conectó un acrobático remate que se fue alto, y pronto comenzó a ser objeto de faltas peligrosas contra la portería rossonera.

Entonces el partido dio el giro definitivo. Balotelli, la mayor amenaza del Milan en la segunda parte con permiso de un disparo cruzado de Kaká y un trallazo lejano de Rami ya con el partido muriendo, se lesionaba en el hombro y dejaba su lugar a Pazzini, no sin antes protagonizar una dantesca discusión con Seedorf acerca de si abandonaba o no el campo. Cosas de las rockstars. El caso es que eso le sirvió a Miranda y Godín -impecables todo el partido, al igual que Juanfran- para adelantar su línea de presión y atacar el partido definitivamente. Lo intentó el Cholo dando entrada a Cristian Rodríguez y Adrián, pero la foto iba a ser para Diego Costa.

La contienda se desequilibró en un córner que botó Gabi y despejaba mal Abate en el primer palo, de tal manera que cayó desde muy alto al otro extremo del área pequeña. Por qué no atacó Abbiati ese balón sólo lo sabe él, pero ahí estaba Diego Costa viéndolo bajar para, en una muy difícil maniobra, girar el cuello dándole la potencia necesaria y poniéndolo lejos del alcance del arquero italiano, que aguardaba sobre la línea de gol. Un gol que supone otra victoria más de los de Simeone en Champions y que les pone con un pie en los cuartos de final, San Siro mediante. Ojo con el Atlético.

Diego Costa celebra el único gol del partido. AFP

martes, 18 de febrero de 2014

El Barça saca petróleo del Etihad

Messi, de penalti, y Dani Alves al final desequilibran un choque táctico de muy alto nivel

MANCHESTER CITY 0 - 2 BARCELONA

El fútbol casi siempre son pequeños detalles, y en la Champions mucho más. En el minuto 53 una pérdida de balón sin falta de Navas, una genialidad de Iniesta y una torpeza de Kompany dejaban a Leo Messi habilitado para matar a Hart. Demichelis, a la desesperada, le derribó claramente fuera del área y el sueco Eriksson no dudó, penalti y expulsión. Hasta ese momento, el partido había sido un precioso envite digno de fechas más adelantadas de esta competición, con alternativas por los dos lados y dibujos muy marcados. El del City, por cierto, modificado. Ante un equipo que es su espejo y su modelo a seguir, renunció a su idea habitual para jugar al Barcelona de la manera que todos le juegan: a la contra.

Se veía cómodo el Barça, afinado como está ahora en el pase y la combinación. Xavi parece a punto, Cesc e Iniesta no se estorban y Messi caracolea como en sus mejores días. Los primeros minutos pasaban y el City esperaba agazapado. El Barça combinaba muy cerca del área rival y tenía el partido donde quería. Fue Silva el que con un pase en profundidad a Negredo agitó la situación, y en un córner poco después Valdés recordó que no iba a pasarlo nada bien por arriba. El City, con poco, asustaba.

Poco a poco el partido fue dando más sensación de abierto, ya que se alternaban las elaboradas posesiones azulgranas con los envites citizens. Unas manos de Clichy y un disparo de Xavi desde la frontal fueron, en cualquier caso, los mayores acercamientos visitantes.

El descanso lo devolvió todo al principio, con un City contemplativo y firme y un Barça paciente, como esperando su momento. Y su momento llegó. Tras un partido plagado de rondos y posesión, el gol vino por la vía rápida. Busquets recuperó en medio campo y se inició una contra viperina que acabó con Messi por los suelos y el veterano Demichelis en el vestuario. La Pulga clavó el penalti por el centro, y a partir de ahí el equipo del Tata comenzó a jugar con el reloj, mientras los de Pellegrini realizaban un desgaste extraordinario por voltear la situación. Silva, de hecho, estuvo a punto de hacerlo, con un disparo cruzado que atrapó Valdés. También la tuvo Piqué en un triángulo antológico con Xavi y Cesc anulado por inexistente fuera de juego.

Y ya cuando el partido expiraba, Dani Alves se internó con mucha suficiencia, por segunda vez en la noche, hasta el final de la banda derecha y, esta vez sí, coló la pelota entre las piernas de Hart y dinamitó la eliminatoria. La Champions ha vuelto, y al Barcelona le ha cogido muy cerca de su mejor versión.

Messi celebra su gol de penalti. EFE