SEVILLA 0 - 3 ATLÉTICO
Las sensaciones con las que daba comienzo la noche no eran las mejores para el Atlético. Lucía el remozado Nervión un aspecto inmejorable, con ese Sevilla, Sevilla, Sevilla que ya forma parte de la cultura popular de nuestro campeonato retumbando mientras los equipos ingresaban en el terreno de juego. Emery decidía incluir en el once, además, a su flamante nuevo fichaje Fernando Llorente tras apenas un par de entrenamientos, buscando quizá esa mística inmediata que otorga el fútbol a veces a determinadas incorporaciones que derrochan química de primeras, como parece el caso del riojano con la afición hispalense. Los de Simeone, por otra parte, recibían la noticia en las horas previas al encuentro de la marcha de Raúl García, uno de los estandartes del cholismo, rumbo a Bilbao. La contienda, al menos desde el punto de vista psicológico, comenzaba de un rojiblanco mucho más sevillano que madrileño.
Pero luego la pelota echó a rodar. Y tras un primer aviso de Coke que nos indicó que Oblak andaba despierto, un Atlético igual de aguerrido que el de costumbre pero considerablemente más combinativo comenzó a crecer al son de Óliver Torres y Griezmann. El canterano exhibió dotes de madurez y pragmatismo, moviendo al equipo con brío, sin esa necesidad de otrora de demostrar su calidad en cada movimiento. Y el francés, directamente, estaba en todas partes. Presionaba, recuperaba, se asociaba y regateaba con una inspiración primaveral. Mientras tanto, el Sevilla abusaba del recurso del balón largo a la cabeza de Llorente, olvidando que debía ser precisamente eso, un recurso. Banega naufragaba solitario en la medular, sin la ayuda de un Krychowiak incrustado entre los centrales para comenzar la jugada, pero ausente en los últimos metros cuando ésta avanzaba. Al estilo del clásico líbero, pero sin la gasolina suficiente.
Aún así, tras una serie de elaborados ataques del Atlético, fue tras un balón a las nubes de Godín cuando llegó el primer tanto. Griezmann, que ya había dejado dos detalles de fino estilista dentro del área -primero retratando con un caño a Rami para intentar asistir a Óliver, más tarde buscando el gol con una inesperada rosca-, se disfrazó esta vez de guerrero. A pesar de que Carriço se empeñó en derribarle, él se olvidó de reclamar falta, asumió el melón y ya desde el suelo, con Trémoulinas como perfecto espectador, le hizo llegar el balón a Koke que, de primeras, lo alojó en las redes de Beto. El Atlético golpeaba primero, y el Sevilla añoraba pasada media hora a jugadores como Vitolo o Reyes, que no paraban de mirar cómo la pelota les sobrevolaba.
El comienzo de la segunda parte bien pudo valerle un disgusto al Cholo Simeone, porque después de un primer lance en el que Griezmann llegaba tarde a la disputa con Iborra, viendo la cartulina amarilla, el francés recibía dentro del área el balón en profundidad y, tras notar un ligero contacto, reclamaba penalti yéndose al césped. Hubiera sido una expulsión a todas luces exagerada, pero bien haría el galo en no perderse en determinados vericuetos. Ese lance inauguró el mal rato del Atlético, con el Sevilla instalado en campo visitante y provocando constantes saques de esquina tras haber conseguido por fin bajar la pelota de los cielos. En cualquier caso, son los de Simeone especialistas en llevar estas situaciones con oficio, y el evidente dominio local de esos minutos no llegó a cristalizar en ocasiones excesivamente claras, salvo una de Llorente, que recogió en el área pequeña el único balón suelto que dejó Godín en toda la noche y a punto estuvo de igualar la contienda. El esférico se marchó pegado al palo.
Eso fue todo por parte de los de Emery. Tras media hora de monólogo sevillista, un contragolpe en el que Carrasco fue derribado por Konoplyanka, respectivos refuerzos del segundo período, marcó el final del sufrimiento colchonero. El Atlético respiró y salió de la cueva para no volver a entrar. Los jugadores comenzaron a evidenciar por primera vez la prontitud de la fecha y el ritmo finalmente decayó varios enteros. A ello ayudó sin duda un disparo lejano de Gabi que topó en la espalda de Krychowiak, despistando a un lento Beto y sentenciando el marcador. A partir de ahí los rojiblancos -azules anoche- manejaron el reloj mientras el Sevilla bajaba definitivamente los brazos. Dio tiempo incluso a que Jackson, que había sustituido a un activo pero errático Fernando Torres, pusiera la puntilla con un auténtico golazo a un marcador que aún pudo aumentar si Griezmann no se hubiera encontrado con el palo en la última jugada del encuentro. El Atlético despachaba así uno de sus cruces directos fuera de casa con una solvencia a la que no nos tiene acostumbrados. O quizás ya sí.
Koke anota el primer gol del partido. AS






