lunes, 31 de agosto de 2015

El Atlético sigue siendo un hueso

Los de Simeone se deshacen del Sevilla tras una gran primera parte y una sufrida segunda

SEVILLA 0 - 3 ATLÉTICO 

Las sensaciones con las que daba comienzo la noche no eran las mejores para el Atlético. Lucía el remozado Nervión un aspecto inmejorable, con ese Sevilla, Sevilla, Sevilla que ya forma parte de la cultura popular de nuestro campeonato retumbando mientras los equipos ingresaban en el terreno de juego. Emery decidía incluir en el once, además, a su flamante nuevo fichaje Fernando Llorente tras apenas un par de entrenamientos, buscando quizá esa mística inmediata que otorga el fútbol a veces a determinadas incorporaciones que derrochan química de primeras, como parece el caso del riojano con la afición hispalense. Los de Simeone, por otra parte, recibían la noticia en las horas previas al encuentro de la marcha de Raúl García, uno de los estandartes del cholismo, rumbo a Bilbao. La contienda, al menos desde el punto de vista psicológico, comenzaba de un rojiblanco mucho más sevillano que madrileño.

Pero luego la pelota echó a rodar. Y tras un primer aviso de Coke que nos indicó que Oblak andaba despierto, un Atlético igual de aguerrido que el de costumbre pero considerablemente más combinativo comenzó a crecer al son de Óliver Torres y Griezmann. El canterano exhibió dotes de madurez y pragmatismo, moviendo al equipo con brío, sin esa necesidad de otrora de demostrar su calidad en cada movimiento. Y el francés, directamente, estaba en todas partes. Presionaba, recuperaba, se asociaba y regateaba con una inspiración primaveral. Mientras tanto, el Sevilla abusaba del recurso del balón largo a la cabeza de Llorente, olvidando que debía ser precisamente eso, un recurso. Banega naufragaba solitario en la medular, sin la ayuda de un Krychowiak incrustado entre los centrales para comenzar la jugada, pero ausente en los últimos metros cuando ésta avanzaba. Al estilo del clásico líbero, pero sin la gasolina suficiente.

Aún así, tras una serie de elaborados ataques del Atlético, fue tras un balón a las nubes de Godín cuando llegó el primer tanto. Griezmann, que ya había dejado dos detalles de fino estilista dentro del área -primero retratando con un caño a Rami para intentar asistir a Óliver, más tarde buscando el gol con una inesperada rosca-, se disfrazó esta vez de guerrero. A pesar de que Carriço se empeñó en derribarle, él se olvidó de reclamar falta, asumió el melón y ya desde el suelo, con Trémoulinas como perfecto espectador, le hizo llegar el balón a Koke que, de primeras, lo alojó en las redes de Beto. El Atlético golpeaba primero, y el Sevilla añoraba pasada media hora a jugadores como Vitolo o Reyes, que no paraban de mirar cómo la pelota les sobrevolaba.

El comienzo de la segunda parte bien pudo valerle un disgusto al Cholo Simeone, porque después de un primer lance en el que Griezmann llegaba tarde a la disputa con Iborra, viendo la cartulina amarilla, el francés recibía dentro del área el balón en profundidad y, tras notar un ligero contacto, reclamaba penalti yéndose al césped. Hubiera sido una expulsión a todas luces exagerada, pero bien haría el galo en no perderse en determinados vericuetos. Ese lance inauguró el mal rato del Atlético, con el Sevilla instalado en campo visitante y provocando constantes saques de esquina tras haber conseguido por fin bajar la pelota de los cielos. En cualquier caso, son los de Simeone especialistas en llevar estas situaciones con oficio, y el evidente dominio local de esos minutos no llegó a cristalizar en ocasiones excesivamente claras, salvo una de Llorente, que recogió en el área pequeña el único balón suelto que dejó Godín en toda la noche y a punto estuvo de igualar la contienda. El esférico se marchó pegado al palo.

Eso fue todo por parte de los de Emery. Tras media hora de monólogo sevillista, un contragolpe en el que Carrasco fue derribado por Konoplyanka, respectivos refuerzos del segundo período, marcó el final del sufrimiento colchonero. El Atlético respiró y salió de la cueva para no volver a entrar. Los jugadores comenzaron a evidenciar por primera vez la prontitud de la fecha y el ritmo finalmente decayó varios enteros. A ello ayudó sin duda un disparo lejano de Gabi que topó en la espalda de Krychowiak, despistando a un lento Beto y sentenciando el marcador. A partir de ahí los rojiblancos -azules anoche- manejaron el reloj mientras el Sevilla bajaba definitivamente los brazos. Dio tiempo incluso a que Jackson, que había sustituido a un activo pero errático Fernando Torres, pusiera la puntilla con un auténtico golazo a un marcador que aún pudo aumentar si Griezmann no se hubiera encontrado con el palo en la última jugada del encuentro. El Atlético despachaba así uno de sus cruces directos fuera de casa con una solvencia a la que no nos tiene acostumbrados. O quizás ya sí.

                                             Koke anota el primer gol del partido. AS

lunes, 24 de agosto de 2015

Mareo resiste a la galaxia

El Madrid comienza el campeonato dejándose puntos ante un impetuoso Sporting

SPORTING DE GIJÓN 0 - 0 REAL MADRID 

Volvía el Sporting de Gijón a la primera categoría del fútbol español tras tres años de ausencia, y con él El Molinón, uno de esos feudos norteños con ese componente británico que tanto viste a este deporte, con una afición que rara vez falla a su equipo, aún menos en una cita de enjundia. Y desde luego que esta lo era. Además del mencionado retorno, este era ni más ni menos que contra todo un Real Madrid. Gijón se puso guapo y se arremangó, todo a la vez.

Porque el equipo que presenta esta temporada Abelardo es básicamente el puñado de chavales de la fábrica de Mareo que consiguieron la heroicidad de obtener el ascenso directo el curso pasado, con contadas excepciones como el paraguayo Sanabria, ayer saliendo de inicio. Enfrente estaba el tampoco excesivamente renovado Real Madrid de Rafa Benítez, con la inclusión del penúltimo innecesario fichaje blanco Danilo por el canterano Carvajal en el once. Con Benzema ausente por lesión, el puesto de nueve recayó sobre Jesé y un más rodado Isco le ganó la partida a James para comenzar el campeonato.

Al ritmo acelerado previsto comenzó el partido, con numerosas imprecisiones por parte de los dos bandos en los primeros minutos, en los que destacó un hiperactivo Gareth Bale, con la libertad de que le ha dotado Benítez en la pretemporada, compartida con Isco y Cristiano. Por momentos era difícil definir quién de ellos jugaba pegado a qué banda y quién por el centro. La defensa sportinguista sufría para ubicarse, sobretodo cuando el galés, quien parecía poseer más inspiración en el primer período, recibía el esférico con metros por delante. En una de esas, Modric le tiró un milimétrico balón en profundidad que el de Cardiff, tras regatear a Cuéllar, acabó mandando al lateral de la red. Se erigía imprescindible el mediocentro croata con el paso de los minutos en la circulación del Madrid, en contraste con el poco peso que tenía Toni Kroos en la noche.

No había tregua, y el partido no sufría pausa alguna. Cristiano, desaparecido al principio, desacertado más adelante, ponía por primera vez su sello al partido con un disparo lejano marca de la casa que atajaba Cuéllar, especialmente sobrio anoche. En torno a la media hora de juego, a lo largo de un minuto acontecían dos jugadas que pudieron marcar el devenir del encuentro. Primero Lora, en segunda instancia tras recoger un rechace de Marcelo, algo inconsistente, ponía un centro medido a la cabeza de Sanabria, que estrelló con un violento testarazo la pelota contra el travesaño de Keylor Navas, que sólo pudo ver el conato de gol fantasma, aunque parece que la circunferencia del balón no terminó de superar la línea de gol. Inmediatamente después, en el consiguiente contragolpe, Cristiano Ronaldo se adentraba en el área local sujetado del brazo por Sergio Álvarez, ante lo que el portugués no dudó en dejarse caer y reclamar pena máxima. El contacto existió, pero Estrada Fernández no señaló los once metros y el marcador no se movió antes del descanso.

La segunda parte, pese a comenzar con una clarísima ocasión de cabeza de Sanabria, se fue convirtiendo con el paso de los minutos en un asedio del Madrid y en una conmovedora defensa del Sporting. Luis Hernández y Bernardo se anticipaban a todos los balones, anulando a un intrascendente Jesé, que acabó sustituido por James, el cual le dio otro aire al ataque blanco. De sus botas nacieron las mejores opciones madridistas del segundo período, finalizadas por un desafinado Cristiano, primero de cabeza y luego en ligero fuera de juego. El portugués más tarde volvía a probar al Pichu Cuéllar desde larga distancia, esta vez obligándo al emeritense a lucirse. El banquillo del Sporting aportó oxígeno defensivo con la incursión de Rachid y Álex Menéndez y Benítez dio entrada al recién incorporado Kovacic en lugar de Isco y, ya a falta de pocos minutos, a Carvajal por Danilo, el cual había cuajado un gran encuentro. Recursos insuficientes para desnivelar la balanza la noche en la que El Molinón se reencontró con la musa de su archiconocido single "Así gana el Madrid". No fue así esta vez. Los gallus resistieron.


 

martes, 18 de agosto de 2015

Aduriz desempolva la gabarra

Los leones alzan su primer título en 31 años a costa de un plomizo Barça

BARCELONA 1 - 1 ATHLETIC

Nunca se había remontado un 4-0 en contra en la historia de la Supercopa de España, torneo del que se discutirá por siempre su importancia pero nunca su atractivo, y que jamás ofrecerá duelos anodinos. A pesar de la evidente ventaja que el formato a doble partido otorga al equipo poderoso, en este caso el Barça traía un considerable rapapolvo en el zurrón de su viaje a San Mamés el pasado viernes: 4-0. Sin embargo, se sabían uno de los pocos equipos capaces de poder oficiar una remontada de ese calibre y así lo hicieron notar durante los días posteriores al choque de ida. 

Desde la alineación se pudo apreciar que el cuadro de Luis Enrique iba a ser distinto al de tres días atrás. Bravo sustituía a Ter Stegen bajo palos, en un clarísimo toque de atención al cancerbero alemán tras los ocho goles encajados ante Sevilla y Athletic. El resto, el once de gala que le permitían las circunstancias, Pedro y Mathieu mediante, por los aún convalecientes Neymar Jr. y Jordi Alba. No alcanzó. El francés, fuera de sitio en el lateral, completó una de sus peores noches con la camiseta azulgrana, errando constantemente, principalmente en el gol de Aduriz que sentenció la noche.

El partido, como se esperaba, comenzó eléctrico. A los cinco minutos de juego Luis Suárez había dispuesto ya de una magnífica ocasión para abrir el marcador, desviada por la defensa visitante a un saque de esquina en el cual Piqué, posterior protagonista negativo, estrelló el balón en el travesaño de un violento zapatazo. Fueron dos golpes de suerte seguidos que quizás cambiaron definitivamente el devenir del partido. El Athletic estaba impreciso en la circulación, pero exhibió una presencia física y una concentración defensiva encomiables. Ese factor consiguió que a partir de ese momento, lo que se encontrara el Barça durante los siguientes minutos fuese una justa colección de fueras de juego y poco más.

En ese rato los de Valverde agradecieron la omnipresente figura de Aritz Aduriz, que como un islote en la delantera rojiblanca, aguantó balones y enfrió posesiones con la experiencia del que es ya perro viejo, pero con hechuras de zagal. Incluso pudo poner punto final a la fiesta mucho antes, si Eraso -muy activo toda la noche- hubiera levantado la cabeza después de superar a Mascherano tras otro regalo posicional de Jérémy Mathieu. Disparó él mismo contra el lateral de la red, y tan sólo cinco minutos después Leo Messi, en la otra portería, aprovechaba una magistral dejada con el pecho de Luis Suárez para abrir el marcador. El Barça comenzaba a creer, justo antes del descanso.

Aún así, el segundo periodo nos trajo el mismo planteamiento por parte del Athletic. La defensa muy adelantada, con un descomunal Bóveda tapando a Pedro y Balenziaga haciendo lo propio con Messi, aunque de la sensación de que el argentino está cuando quiere, y ayer tocaban nones. Todo esto enfrió una reanudación que el público del Camp Nou, ayer especialmente turista, esperaba con total seguridad más contundente por parte de los blaugrana. De hecho, a los diez minutos, tras la enésima imprecisión defensiva de los de Luis Enrique, Aduriz se plantaba solo ante Bravo, que con mucho oficio cerró las piernas y evitó el empate. El mismo oficio que, una vez más, no demostró Gerard Piqué, que en sus protestas al asistente por un supuesto fuera de juego en esa misma jugada vio la cartulina roja directa.

Aquello, en cualquier caso, lejos de amilanar al Barça, le espoleó. Al menos durante unos minutos de frenesí que trajeron otras dos ocasiones muy claras en las botas de Pedro y Rakitic, respectivamente. Los de Valverde perdían precisión, pero el reloj jugaba a su favor. Mientras, Luis Enrique quemaba cartuchos introduciendo a unos invisibles Sandro y Munir en el campo, en una doble sustitución que sacaba a Pedro del césped del Camp Nou, quién sabe si por última vez. Y tras una última oportunidad de Suárez culminando la única conducción peligrosa de Leo Messi en todo el encuentro, el Barça se desdibujaba en un pelotazo largo de Laporte que Mathieu no supo defender de cabeza ante De Marcos, que dejaba a Aduriz completamente solo ante Bravo. Tanto, que después de que el solvente arquero chileno despejara el primer remate, el balón quedó de nuevo a los pies del ariete, que, con total tranquilidad, empató el partido y mató la eliminatoria.

No vimos mucho más. Apenas dio tiempo a un par de arrancadas de orgullo de Luis Suárez y a una rocambolesca y exagerada expulsión de Kike Sola, que había entrado escasos minutos antes sustituyendo al héroe de la noche. La gesta se había completado. No sabemos si es para gabarra o no, pero el Athletic de Bilbao, tres décadas después, es supercampeón de España. Y en el Camp Nou. Es para celebrarlo.

El Athletic de Bilbao celebra la Supercopa. JUAN FLOR (AS)

miércoles, 12 de agosto de 2015

Primoroso disparate en Georgia

Barcelona y Sevilla protagonizan una Supercopa histórica que deja más dudas en el campeón

BARCELONA 5 - 4 SEVILLA

En ocasiones, como si hiciera falta a estas alturas justificar la grandeza y singularidad de este gigantesco deporte llamado fútbol, se dice que ciertas veladas no quedarían igualadas ni por la pluma del mejor guionista. Desde luego el partido que anoche marcó el pistoletazo de salida del curso futbolístico europeo 2015/16 vendría a ser uno de los mejores ejemplos que se recuerden en esta dirección. Tanto el aficionado imparcial como el profano espectador que se topara con el encuentro en la televisión disfrutaron durante más de dos horas de un espectáculo difícilmente equiparable en otro tipo de juego. Otro gallo cantaría para los aficionados de los dos equipos contendientes, a los que la noche les dejaría con un par de kilos menos, a pesar de lo relajado de la fecha.

Las sorpresas comenzaron desde el once inicial. El asunto Pedro empezaba a convertirse en culebrón estival, y la baja de Neymar Jr. por paperas a lo largo de la semana parecía hacerle un guiño al canario de cara a su peso en el equipo y en las dos Supercopas que se avecinaban. Nada más lejos de la realidad. En una decisión antipopular y, como más tarde se comprobaría, nada condicionada por intereses mercantiles, Luis Enrique sentaba a Pedro para poner en liza a Rafinha, jugador de corte mucho más diferente a Neymar que el extremo tinerfeño. En el otro bando Unai Emery tenía mucha menos capacidad de improvisación, ya que una serie de bajas -intoxicación alimentaria mediante- le habían dejado en cuadro en diversas zonas del campo. Sorprendió aún así la inclusión de Rami en el once, todavía renqueante.

No fue una oda al balompié, por mucho que el resultado así lo indique. Si cualquier marcador abultado evidencia imprecisiones en defensa, las de ayer quedaron magnificadas por el característico ritmo del mes de agosto, todavía falto de rodaje y explosividad. Aún así, en el primer cuarto de hora nos encontramos con tres pinceladas de altísimo nivel. Tres goles de falta directa en quince minutos. Cuando todavía no había dado tiempo al personal a acomodarse y prepararse para la primera ración de competición oficial de la temporada, Reyes fue derribado por Mascherano, lo que le dio la oportunidad a Banega de ofrecer una cátedra sobre cómo lanzar una falta desde la frontal. Por toda la escuadra, superando la barrera, Ter Stegen solamente pudo observar como la pelota llegaba a la red.

Pero claro, enfrente estaba Leo Messi. Se había comentado mucho durante la semana que las opciones del Sevilla pasaban por la inspiración o no del rosarino, y en el siguiente compás dejó un claro mensaje. Estaba. Misma situación, pero en el otro área, y orientada esta vez a un zurdo, la ejecución fue todavía mejor. Más ajustada, a la velocidad más lenta que se puede efectuar un golpe franco sin que el portero tenga opción. Espectacular. No contento con eso, terminó de voltear el marcador escasos minutos después, esta vez desde el otro esquinazo del área, pero atacando el mismo palo izquierdo de Beto. Pasaba un cuarto de hora y el Sevilla había enseñado colmillos, pero Messi había impuesto su realidad.

El Sevilla no se amilanó, e intento venirse arriba liderado sobretodo por un José Antonio Reyes hiperactivo que protagonizó varias conducciones peligrosas durante la primera mitad. En una de ellas se precipitó y regaló la posesión a un Luis Suárez que tras recorrer medio campo con el esférico controlado, llegó agotado ante Beto y erró en el uno contra uno. Aún así, se resarció y con una clase infinita, esperó a Rafinha y le otorgó la sentencia. O eso pensaba cualquiera en ese momento. Bien, no se habían marcado ni la mitad de los goles.

En el arranque de la segunda mitad llegaría la puntilla para el Sevilla. O eso, insisto, es lo que cualquier mortal pensó. Otro fallo en la construcción, esta vez de Tremoulinas y mucho más atrás, puso en bandeja a Busquets la asistencia de gol, que Luis Suárez no pudo sino aprovechar. El Sevilla siguió aún así mostrando arrojo y pundonor, y aparecieron jugadores como Vitolo o Iborra más escondidos en el primer período. Precisamente el primero, en una arrancada solo contra el mundo por el costado izquierdo, levantó la cabeza y vio la llegada de Reyes, que únicamente tuvo que empujar la pelota. El Sevilla recortaba distancias hacia lo que aún parecía una empresa imposible.

Entonces, se produjo una sustitución clave. Dejaba el campo visiblemente cansado Iniesta, clave en la circulación azulgrana durante toda la noche, para dejar su espacio a Sergi Roberto. Es esta una temporada clave para el canterano, que con noches como la de ayer va a sufrir y mucho para hacerse un hueco en los planes de Luis Enrique, al menos en su posición natural. El Sevilla creció enteros a partir de ese momento y, sin nada que perder, empujó a un endeble Barça contra su portería. Poco después Mathieu cometió un claro penalti sobre Vitolo que Gameiro transformó y la emoción se instaló oficialmente en Tbilisi. El Sevilla ganó oxígeno, además, con sus tres cambios: Konoplyanka (a escena por un visiblemente molesto Reyes), Immobile y Mariano. Los tres protagonizaron a diez minutos del final la jugada del empate. Estuvo atento el brasileño para sacar rápido de banda, hábil el italiano para poner rápidamente el balón al otro extremo del área, y oportuno el ucraniano para empalar a portería. 4-4. Ver para creer.

A partir de ahí, ya no quedaba físico. En la prórroga el colegiado mostró las cartulinas que antes había negado hasta la saciedad, Piqué sangró, Vitolo se acalambró, y apareció en escena Pedro. Sí, Pedro. Cuando ya todo el mundo daba por hecho que el canario estaba más fuera que dentro del Camp Nou, Messi dispuso de una última falta en la frontal que, tras estrellarse en la barrera, él mismo remachó para lucimiento de Beto, quien vio como Pedro recogía con su oportunismo habitual el rechace y lo introducía en la red. El Sevilla se quedaba a un solo paso de los penaltis, que en estos casos ya sabemos que otorgan más posibilidades al que remonta que al remontado. Aún y con todo, el cuadro de Emery todavía tuvo tiempo de disponer de dos oportunidades más en la cabeza de Coke y la espinilla de Rami, que bien podrían haberle dado otra vuelta de tuerca más al retorcido guión de la noche, y que demostraron que Luis Enrique tiene aún mucho trabajo defensivo por delante. No fue una depurada obra maestra. Fue un blockbuster palomitero. Y de los buenos.

Iniesta levanta la Supercopa. | GRIGORY DUKOR

lunes, 24 de marzo de 2014

Messi se salta el guión

Aupado por Messi e Iniesta, el Barcelona sale victorioso del Bernabéu tras un duelo de constantes alternativas

REAL MADRID  3 - 4  BARCELONA

Era el choque de anoche una cita de aúpa para el aficionado al deporte rey. Si de costumbre es así con estos dos equipos, lo es más aún con el campeonato cerca de expirar y todas las aspiraciones en juego. Para el Madrid la cita se presentaba como una ocasión perfecta para dar un golpe de autoridad eliminando al Barça de la carrera. Los catalanes se presentaban con muchas dudas, pero necesitados de buscar la victoria para no quedar definitivamente descolgados. La noche prometía mucho, todos el mundo pronosticaba un partido grande. Pero acabó resultando eso y mucho más.

El Clásico comenzó con brío. Neymar y Benzema, respectivamente, en los primeros compases, se acercaron ya con peligro a la portería rival, y era el Barcelona el equipo que más reconocible se presentaba. Abrazó la pelota, y en los primeros quince minutos de partido controló el tempo del partido a la perfección. Justo cuando esa sensación se estaba haciendo palpable, Messi dejó su primer gran detalle con un pase perfecto a la espalda de Carvajal, más pendiente de Xavi y sin ayuda alguna de Bale, que dejaba sólo a Iniesta para clavar el balón en la red con un zurdazo seco. Comenzaban golpeando los de Martino, y al Madrid le tocaba remar contracorriente, algo inesperado.

Tras el gol los blaugrana siguieron controlando la posesión, con un Cesc incrustado entre los centrocampistas, y tuvieron la oportunidad de aumentar la distancia en el marcador tras un pase del mismo Fàbregas que plantó sólo a Messi ante Diego López. El argentino, en su única imprecisión de la noche, cruzó en exceso el balón y perdió la oportunidad. Fue entonces cuando Di María rescató al Madrid. Ya había avisado unos minutos antes con una fabulosa internada tras la que dejó a Benzema solo ante Valdés, y el francés mandó la pelota alta. Parecía que el ariete había desperdiciado una oportunidad de oro, pero entre Di María y Mascherano se encargaron de fabricarle tres ocasiones de gol más en un cuarto de hora. Dos de ellas acabaron en gol. El primero fue un envenenado centro al área del fideo, al que Benzema se lanzó con mucha potencia imponiéndose al central argentino y cabeceando a la red haciendo inútil la estirada de Valdés, que pese a tocar el balón no logró sacarlo de los tres palos. El segundo, muy poco después, fue una auténtica demostración de recursos del galo. Tras otra internada de Di María, Mascherano se comió su envío atrás y Benzema pinchó el balón con el muslo para, sin dejarla caer, ajusticiar a Valdés mandándole al palo contrario. En plena catarsis, Di María todavía tuvo tiempo de evidenciar las carencias defensivas de Dani Alves y Mascherano, regalando otro gol a Benzema que Gerard Piqué salvó sobre la misma línea de gol.

Estaba el Madrid hinchado, le había dado la vuelta al partido, soplaba el viento de cara y ni siquiera había necesitado a Cristiano. La regeneración espontánea de los de Ancelotti era un hecho, y había llegado a las bravas, por la vía rápida, como gusta en Chamartín. Pero cuando más achuchaba el Madrid, apareció otra vez Messi. Él mismo se ocupó de, en unos pocos segundos, transformar una posesión aparentemente tranquila en un ataque vertiginoso, brindarle una asistencia de gol a Neymar, adelantarse a Sergio Ramos en el rechace y empalar la pelota abajo, inalcanzable para Diego López. Otro nivel. 

Antes del descanso Benzema tuvo otra ocasión más rematando con la cabeza ligeramente desviado un centro de Carvajal, pero el descanso dejaba un batiburrillo de sensaciones al Madrid. Se sentía capaz de ganar, pero todo su arsenal había venido mediante descargas eléctricas. En el gobierno del centro del campo se imponía claramente el equipo del Tata. Iniesta era una constante sensación de peligro y el Barça en general estaba desplegando cómodamente su juego. Por el bando local se echaba principalmente en falta a Xabi Alonso. Mientras Modric estuvo muy activo y dificultó mucho junto a Di María las transiciones culés, el tolosarra anoche estuvo muy gris, desbordado en todo momento. Y cuando Xabi no conecta el Madrid lo nota, y mucho. Aún así, a la vuelta del descanso el Madrid salió decidido a matar el partido, y tras otra ocasión de Benzema -esta vez en fuera de juego- que desbarató Valdés, Cristiano por fin apareció y se deshizo fabulosamente de Alves en el pico del área, obligando a éste a zancadillearle. Fuera del área, pero Undiano pitó dentro. Ronaldo ejecutó la pena máxima sin la mínima intención de engañar a Valdés ni la mínima duda. Absolutamente imparable. 

El partido se había volcado otra vez del lado madridista, pero entonces Messi decidió reescribir de nuevo la escaleta. Cuando más se esperaba la sentencia local, el argentino se inventó un pase entre líneas de cuarenta metros que fue un doble regalo, para Neymar y para el Tata -Pedro aguardaba apunto de salir para terminar de dar por fallida su apuesta de anoche por el brasileño en el once-, y un cepo para Sergio Ramos, que no pudo evitar que su pierna se cruzara con la del extremo, que ya encaraba a Diego López. Penalti y expulsión. Messi cogió la pelota y la introdujo en la red con tranquilidad y precisión. Ahora, otra vez, el escenario era completamente inverso. El Madrid, en inferioridad numérica, ahora valoraba el empate, y el Barça se veía ante una oportunidad de oro para obtener los tres puntos. Una montaña rusa.

En cualquier caso, quedaba mucho tiempo, pero no fue un asedio visitante. Un disparo lejano de Alves que se estrelló en el poste había sido el mayor susto para los merengues, hasta que el siempre imprevisible Iniesta caracoleó dentro del área en la acción que acabó por redondear la fallida actuación de Xabi Alonso. El de Tolosa derribó con el muslo al de Fuentealbilla y le otorgó la victoria en bandeja al Barça. Messi completó su hat trick haciendo que tirar dos penaltis en el Bernabéu que pueden valer una liga parezca un juego de niños. Balón a la escuadra y 3-4. Y hasta ahí. Ya no hubo más giros. El Madrid cerraba su estadística contra los grandes con un punto de doce posibles, y es el único de los tres que, a falta de nueve jornadas, no depende de sí mismo. Los de Ancelotti habían visto el partido y el liderato en su mano dos veces, pero Messi decidió un final alternativo. Y de paso, hizo líder al Atlético. 70. 70. 69. Vaya que si hay Liga.


viernes, 14 de marzo de 2014

Betis 3 - 3 Sevilla (17-05-1997)

Hoy arranca la sección "Gol en Las Gaunas", donde recordaremos desde míticos partidos y preciosas jugadas hasta grandes pifias y sonados fracasos de la historia del fútbol, centrándonos sobretodo en el territorio nacional, aunque aquí cabe todo. Vosotros en gran parte decidiréis qué flashbacks aparecerán en esta sección, que seguro que entre todos damos forma. De momento los viernes me parece un buen día para encontrarnos con esta ventana al pasado y recordar a aquellos jugadores de nuestros cromos.

Ya que anoche Sevilla se unió a las ciudades que han albergado un derbi en competición europea, he escogido este partido perteneciente a la jornada 38 de la temporada 96/97. Leyendo esto, muchos pensaréis que era la última fecha del campeonato, pero no. Si recordáis, esta temporada y la anterior la Primera División constó de 22 equipos, ya que la LFP cometió la genialidad de descender a Segunda B a Sevilla y Celta de Vigo por irregularidades en la inscripción manteniendo en primera a los descendidos Albacete y Valladolid. Luego, claro, readmitió a los dos equipos sancionados y quedó una liga de 42 jornadas. La chapucera solución fue que ese año bajaron a Segunda División ni más ni menos que cinco equipos, cuatro directamente y uno vía promoción. Pero de aquello si queréis hablamos otro día más tranquilamente.

El caso es que el Sevilla llegaba al Benito Villamarín con el agua al cuello y el Betis necesitaba puntuar para apuntalar su clasificación europea, justo al revés de como están ahora las cosas en el campeonato doméstico. Las alineaciones de aquel sábado de 1997 fueron:

Betis: Prats, Merino, Roberto Ríos, Vidakovic, Jarni, Josete (42' Ureña), Alexis, Nadj (88' Bjelica), Alfonso, Pier (45' Cañas) y Finidi.

Sevilla: Unzué, Rytter (70' Galván), Ramis (62' Salva Ballesta), Hibic (48' Onésimo), Prieto, Tsartas, Oulida, Prosinecki, Marcos, Loren y José Mari.

Los entrenadores eran Lorenzo Serra Ferrer por el bando local y Julián Rubio por parte de los sevillistas, cuarto entrenador que dirigía al equipo en una temporada en la que hasta Bilardo pasó por el banquillo de Nervión. Carmona Méndez, ese árbitro tan español, fue el encargado de dirigir la contienda.

Los jugadores béticos protestan un gol fantasma en la última jugada del partido.

Pronto se adelantó el Betis por medio de Jarni, pero poco después un penalti y expulsión de Roberto Ríos que transformaba Prosinecki (dos nombres que van a ser VIP en esta sección) colocaba el empate en el marcador. A pesar de la inferioridad, el Betis se repuso y justo después del descanso volvía a marcar Jarni. Así aguantó el partido hasta el tramo final, donde tras la supuesta sentencia de Cañas a falta de poco más de dos minutos, todo se descontroló. Justo al comenzar el tiempo de descuento, un jovencísimo Salva Ballesta recortaba distancias en el marcador, y prácticamente a continuación, Galván anotaba el 3-3 y silenciaba al Villamarín. Aún con eso le quedó tiempo al Betis para, en la última jugada del partido, disponer de una falta en la frontal que acabaría en gol fantasma. Los béticos vieron la pelota claramente dentro, los sevillistas no dudaban de que había quedado fuera. Lo cierto es que nunca hubo una toma de televisión lo suficientemente clara para determinar la posición de un balón que sobrevoló la línea de gol a media altura. Con eso expiraba una auténtica locura de partido, de esos que engrandecen el fútbol y nos recuerdan que en este deporte todo puede pasar, y más en un derbi.

Aquí tenéis los últimos 9 minutos de partido (comienza justo antes del 3-1 del Betis):


Europa quiere al Betis

Los verdiblancos asaltan el estadio de su eterno rival en el primer derbi de la historia europea

SEVILLA 0 - 2 BETIS

Hasta hace bien poco, la Europa League era una molestia para el Betis. Conseguido el billete en un brillante curso pasado, las constantes penurias del presente hacían que la segunda competición continental pareciera un engorro para los béticos más que una motivación extra. El combinado ahora dirigido por Gabriel Calderón, colista en la liga, superó contra todo pronóstico su cruce contra el Rubin Kazan y se plantó en el sorteo de octavos de final, donde el azar decretó que justo este año iba a darse el primer derbi sevillano en la historia de las competiciones europeas. Parecía más un drama innecesario que una ocasión para reivindicarse. Los antecedentes directos no eran ni mucho menos halagüeños, y el Sevilla, colocado en la lucha por plazas europeas en la competición doméstica, se frotaba las manos.

Buscaron los de Emery colocar la situación de cara cuanto antes. A los quince segundos, de hecho. En un comienzo eléctrico que recordó a aquel reciente derbi liguero que dejó un golazo de Reyes al primer compás, Carlos Bacca se plantó en el pico del área dispuesto a ajusticiar a una de las dos principales variantes que presenta este renovado Betis de las últimas semanas: Adán. El mejoreño desvió el disparo del colombiano, cambió el guión del partido y se comenzó a erigir en la figura visitante. La otra variante del Betis actual es Leo Baptistao. Recordando a su versión más punzante, la que vimos en Vallecas la pasada temporada, a partir de sus movimientos entre líneas comenzaron a crecer los verdiblancos -ayer verdinegros- hasta que ese crecimiento se reflejó en el marcador justo antes de cumplir el primer cuarto de hora. Juanfran, muy activo toda la noche, ponía un peligrosísimo centro al área pequeña que el brasileño, perfectamente colocado, cabeceaba con violencia a la red sin que Beto pudiera hacer nada. El portugués había protagonizado la polémica de la previa, al ocupar la portería del Sevilla a pesar de que Unai Emery había asegurado al canterano Javi Varas que él jugaría la competición europea.

Se presentaba un escenario absolutamente inesperado, con un gol en campo contrario que multiplicaba las opciones del Betis. El Sevilla, en cualquier caso, lejos de amilanarse, comprendió que el partido necesitaba un vuelco y centró sus movimientos en tres cuartos de cancha en sus dos hombres más peligrosos: Reyes, que en estos partidos se crece, y sobretodo Rakitic, el mejor jugador de las filas sevillistas con bastante diferencia. El croata es ahora mismo la principal arma ofensiva de los de Emery, pero su compromiso defensivo impresiona. Su despliegue reactivó a todo el cuadro local, y en ese momento el partido entró en su fase más intensa. Las ocasiones se sucedían, sobretodo contra la portería de Adán, que siguió completando una primera parte de ensueño mostrándose seguro ante Bacca, primero, y haciendo una descomunal parada con el pie izquierdo en un uno contra uno con José Antonio Reyes a cinco minutos del intermedio. El Betis no dormía, al contrario, de hecho apunto estuvo Cedric de subir el segundo al marcador en un cabezazo que exigió a Beto. En la contra a esa jugada, como ejemplo de la velocidad en aquel momento del partido, Vitolo tuvo el empate en sus botas tan sólo unos segundos después, en un desmarque perfectamente leído por Reyes. La pelota besó el lateral de la red.

Llegó el Betis al descanso por delante, y con la sensación de que lo peor podía haber pasado. Lo intentó Emery, no obstante, metiendo más dinamita arriba con Gameiro. El francés se encuentra en una impactante baja forma, y sólo tuvo una ocasión clara que fue incapaz de aprovechar, rematando en semifallo. Esa jugada llegó justo a continuación de otro aviso del Betis, con un remate cruzado del hiperactivo Leo que tapó Beto. Seguía el Sevilla obligado a llevar la iniciativa, pero las combinaciones no eran tan efectivas y los nervios entraban en escena, más aún cuando Salva Sevilla, que había sustituido diez minutos antes a un sorprendido y desaparecido Rubén Castro, controló en la frontal, no se lo pensó y chutó con muchísima intención poniendo el esférico en el lateral de la red. Por dentro. El Betis había incenciado oficialmente la eliminatoria, restando menos de media hora del partido de ida.

A partir de ahí el partido se cargó de brusquedad -en cualquier caso no tanto como para el ataque de árbitro que tuvo el turco Cakir, decidiendo añadir seis minutos al tiempo reglamentario-, y entró en un ritmo cortado que favorecía claramente al Betis. Los de Calderón jugaban con el tiempo, mientras el Sevilla se enojaba con los elementos, como muestra el ex-internacional Fernando Navarro sacando a las asistencias sanitarias del terreno de juego a empujones. No fue capaz el cuadro sevillista, ni siquiera en los seis minutos extra, de ajustar la eliminatoria, y el Betis, mientras sigue echando cuentas en casa a la voz de "sí se puede", se exhibe por Europa haciéndole un siete a su eterno rival. El fútbol es así.

Leo, Jordi y Caro corren a felicitar a Salva Sevilla tras el gol de este último. AFP