Olympiacos avasalla a los ingleses por intensidad con un gol en cada parte
OLYMPIACOS 2 - 0 MANCHESTER UNITED
Es esta una eliminatoria extraña, con dos equipos que cada uno, a su manera, habían visto con buenos ojos el emparejamiento que les había deparado la suerte. A los griegos no les pareció del todo mal enfrentarse contra los de David Moyes, porque de todos los primeros de la fase de grupos parecía sin duda el más endeble, absolutamente descartado en la lucha por la Premier y con serias posibilidades de quedar fuera de puestos de Champions, e inmerso en una transición interna tras la retirada de Sir Alex Ferguson que está siendo incluso más difícil de lo que podía preverse. Por otro lado, los de Míchel parecían una perita en dulce para el United, que también podían haber corrido mucha peor suerte en el sorteo con segundos de grupo más experimentados en estas lides, en vez de un equipo que encaraba los primeros octavos de Liga de Campeones de su historia. Además, Mitroglou, el delantero revelación de este campeonato, y principal artífice de la clasificación helena, había puesto rumbo al Fulham inglés en este mercado de invierno, restando gran parte de picante al cruce.
Planteó Michel el partido sin un nueve claro en liza. Con Nelson Valdez, el que vendría a ser el sustituto natural de Mitroglou, en el banquillo, y Javier Saviola lesionado, salió a escena el jovencísimo Olaitan, menudo delantero nigeriano con mucha movilidad entre líneas, secundado por una línea de tres formada por Hernán Pérez, Joel Campbell y un omnipresente Chori Domínguez. Con una intensidad primorosa, Olympiacos avisaba de que no iba a ser una noche fácil para los diablos rojos. A los 2 minutos Evrà ya estaba amonestado por unas manos en la banda, con el público encima. La presión se ejercía muy arriba y las combinaciones eran rápidas, buscando con claridad el marco de De Gea. Así, y tras un primer cuarto de hora de marcada posesión griega, el partido tomaba su posición prevista con el United intentando llevar la iniciativa. Sin embargo, era un empuje inocuo. Mientras Roberto respiraba tranquilo, la principal sensación de peligro venía por la portería red.
Quería Olympiacos el gol, lo demandaba la encendida afición que abarrotaba el Giorgios Karaiskakis, y además se veía posible. Y llegó en un disparo desde media distancia del rocoso Maniatis, que en directo pareció que con fortuna quedaba desviado por algún jugador y despistaba a De Gea. Y sí, así fue, sólo que sin fortuna. El Chori, en una fantástica demostración de olfato, desviaba con la puntera y con toda la intención el balón raso y desviado de su compañero, convirtiéndolo en un inapelable y venenoso disparo que se coló por el desierto poste derecho visitante.
Se creció el combinado de Míchel, y lo siguió intentando con el entendimiento entre sus piezas delanteras. Incluso rozó el segundo antes del descanso con un disparo lejano del paraguayo Hernán Pérez. Mientras tanto, Rooney se desesperaba bajando a crear al medio del campo y Manolas neutralizaba absolutamente a Van Persie, en un desquicie que le duró todo el partido al holandés.
El descanso lo dejó todo igual, con un Olympiacos que olió sangre y creyó enormemente en sus posibilidades. De esa confianza surgió el segundo gol, obra del ex-bético Campbell, un auténtico golazo. Tras una efectiva combinación con Olaitan y un caño a Carrick, dibujó un precioso y combado chut desde veinte metros a la cepa del poste derecho que colocó el 2-0 en el marcador. La eliminatoria se le había puesto ya oficialmente cuesta arriba al United, que sólo pudo ya intentar aprovechar el previsible bajón físico de los griegos en los minutos que quedaban. Pero se encontró con un Roberto muy seguro por alto, y con que la única ocasión clara de Van Persie en los noventa minutos se fue alta, en una prueba de que el holandés, o bien no estaba, o bien le habían sacado. Al final, Olympiacos aguantó, y si consigue anotar en Manchester, los de Moyes se verán obligados a una auténtica machada. Es Old Trafford, es el Teatro de los sueños y todo puede pasar, pero Míchel tiene realmente a mano seguir haciendo historia.
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| El capitán Maniatis celebra el primer gol ante Rooney. AFP |

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