lunes, 24 de marzo de 2014

Messi se salta el guión

Aupado por Messi e Iniesta, el Barcelona sale victorioso del Bernabéu tras un duelo de constantes alternativas

REAL MADRID  3 - 4  BARCELONA

Era el choque de anoche una cita de aúpa para el aficionado al deporte rey. Si de costumbre es así con estos dos equipos, lo es más aún con el campeonato cerca de expirar y todas las aspiraciones en juego. Para el Madrid la cita se presentaba como una ocasión perfecta para dar un golpe de autoridad eliminando al Barça de la carrera. Los catalanes se presentaban con muchas dudas, pero necesitados de buscar la victoria para no quedar definitivamente descolgados. La noche prometía mucho, todos el mundo pronosticaba un partido grande. Pero acabó resultando eso y mucho más.

El Clásico comenzó con brío. Neymar y Benzema, respectivamente, en los primeros compases, se acercaron ya con peligro a la portería rival, y era el Barcelona el equipo que más reconocible se presentaba. Abrazó la pelota, y en los primeros quince minutos de partido controló el tempo del partido a la perfección. Justo cuando esa sensación se estaba haciendo palpable, Messi dejó su primer gran detalle con un pase perfecto a la espalda de Carvajal, más pendiente de Xavi y sin ayuda alguna de Bale, que dejaba sólo a Iniesta para clavar el balón en la red con un zurdazo seco. Comenzaban golpeando los de Martino, y al Madrid le tocaba remar contracorriente, algo inesperado.

Tras el gol los blaugrana siguieron controlando la posesión, con un Cesc incrustado entre los centrocampistas, y tuvieron la oportunidad de aumentar la distancia en el marcador tras un pase del mismo Fàbregas que plantó sólo a Messi ante Diego López. El argentino, en su única imprecisión de la noche, cruzó en exceso el balón y perdió la oportunidad. Fue entonces cuando Di María rescató al Madrid. Ya había avisado unos minutos antes con una fabulosa internada tras la que dejó a Benzema solo ante Valdés, y el francés mandó la pelota alta. Parecía que el ariete había desperdiciado una oportunidad de oro, pero entre Di María y Mascherano se encargaron de fabricarle tres ocasiones de gol más en un cuarto de hora. Dos de ellas acabaron en gol. El primero fue un envenenado centro al área del fideo, al que Benzema se lanzó con mucha potencia imponiéndose al central argentino y cabeceando a la red haciendo inútil la estirada de Valdés, que pese a tocar el balón no logró sacarlo de los tres palos. El segundo, muy poco después, fue una auténtica demostración de recursos del galo. Tras otra internada de Di María, Mascherano se comió su envío atrás y Benzema pinchó el balón con el muslo para, sin dejarla caer, ajusticiar a Valdés mandándole al palo contrario. En plena catarsis, Di María todavía tuvo tiempo de evidenciar las carencias defensivas de Dani Alves y Mascherano, regalando otro gol a Benzema que Gerard Piqué salvó sobre la misma línea de gol.

Estaba el Madrid hinchado, le había dado la vuelta al partido, soplaba el viento de cara y ni siquiera había necesitado a Cristiano. La regeneración espontánea de los de Ancelotti era un hecho, y había llegado a las bravas, por la vía rápida, como gusta en Chamartín. Pero cuando más achuchaba el Madrid, apareció otra vez Messi. Él mismo se ocupó de, en unos pocos segundos, transformar una posesión aparentemente tranquila en un ataque vertiginoso, brindarle una asistencia de gol a Neymar, adelantarse a Sergio Ramos en el rechace y empalar la pelota abajo, inalcanzable para Diego López. Otro nivel. 

Antes del descanso Benzema tuvo otra ocasión más rematando con la cabeza ligeramente desviado un centro de Carvajal, pero el descanso dejaba un batiburrillo de sensaciones al Madrid. Se sentía capaz de ganar, pero todo su arsenal había venido mediante descargas eléctricas. En el gobierno del centro del campo se imponía claramente el equipo del Tata. Iniesta era una constante sensación de peligro y el Barça en general estaba desplegando cómodamente su juego. Por el bando local se echaba principalmente en falta a Xabi Alonso. Mientras Modric estuvo muy activo y dificultó mucho junto a Di María las transiciones culés, el tolosarra anoche estuvo muy gris, desbordado en todo momento. Y cuando Xabi no conecta el Madrid lo nota, y mucho. Aún así, a la vuelta del descanso el Madrid salió decidido a matar el partido, y tras otra ocasión de Benzema -esta vez en fuera de juego- que desbarató Valdés, Cristiano por fin apareció y se deshizo fabulosamente de Alves en el pico del área, obligando a éste a zancadillearle. Fuera del área, pero Undiano pitó dentro. Ronaldo ejecutó la pena máxima sin la mínima intención de engañar a Valdés ni la mínima duda. Absolutamente imparable. 

El partido se había volcado otra vez del lado madridista, pero entonces Messi decidió reescribir de nuevo la escaleta. Cuando más se esperaba la sentencia local, el argentino se inventó un pase entre líneas de cuarenta metros que fue un doble regalo, para Neymar y para el Tata -Pedro aguardaba apunto de salir para terminar de dar por fallida su apuesta de anoche por el brasileño en el once-, y un cepo para Sergio Ramos, que no pudo evitar que su pierna se cruzara con la del extremo, que ya encaraba a Diego López. Penalti y expulsión. Messi cogió la pelota y la introdujo en la red con tranquilidad y precisión. Ahora, otra vez, el escenario era completamente inverso. El Madrid, en inferioridad numérica, ahora valoraba el empate, y el Barça se veía ante una oportunidad de oro para obtener los tres puntos. Una montaña rusa.

En cualquier caso, quedaba mucho tiempo, pero no fue un asedio visitante. Un disparo lejano de Alves que se estrelló en el poste había sido el mayor susto para los merengues, hasta que el siempre imprevisible Iniesta caracoleó dentro del área en la acción que acabó por redondear la fallida actuación de Xabi Alonso. El de Tolosa derribó con el muslo al de Fuentealbilla y le otorgó la victoria en bandeja al Barça. Messi completó su hat trick haciendo que tirar dos penaltis en el Bernabéu que pueden valer una liga parezca un juego de niños. Balón a la escuadra y 3-4. Y hasta ahí. Ya no hubo más giros. El Madrid cerraba su estadística contra los grandes con un punto de doce posibles, y es el único de los tres que, a falta de nueve jornadas, no depende de sí mismo. Los de Ancelotti habían visto el partido y el liderato en su mano dos veces, pero Messi decidió un final alternativo. Y de paso, hizo líder al Atlético. 70. 70. 69. Vaya que si hay Liga.


viernes, 14 de marzo de 2014

Betis 3 - 3 Sevilla (17-05-1997)

Hoy arranca la sección "Gol en Las Gaunas", donde recordaremos desde míticos partidos y preciosas jugadas hasta grandes pifias y sonados fracasos de la historia del fútbol, centrándonos sobretodo en el territorio nacional, aunque aquí cabe todo. Vosotros en gran parte decidiréis qué flashbacks aparecerán en esta sección, que seguro que entre todos damos forma. De momento los viernes me parece un buen día para encontrarnos con esta ventana al pasado y recordar a aquellos jugadores de nuestros cromos.

Ya que anoche Sevilla se unió a las ciudades que han albergado un derbi en competición europea, he escogido este partido perteneciente a la jornada 38 de la temporada 96/97. Leyendo esto, muchos pensaréis que era la última fecha del campeonato, pero no. Si recordáis, esta temporada y la anterior la Primera División constó de 22 equipos, ya que la LFP cometió la genialidad de descender a Segunda B a Sevilla y Celta de Vigo por irregularidades en la inscripción manteniendo en primera a los descendidos Albacete y Valladolid. Luego, claro, readmitió a los dos equipos sancionados y quedó una liga de 42 jornadas. La chapucera solución fue que ese año bajaron a Segunda División ni más ni menos que cinco equipos, cuatro directamente y uno vía promoción. Pero de aquello si queréis hablamos otro día más tranquilamente.

El caso es que el Sevilla llegaba al Benito Villamarín con el agua al cuello y el Betis necesitaba puntuar para apuntalar su clasificación europea, justo al revés de como están ahora las cosas en el campeonato doméstico. Las alineaciones de aquel sábado de 1997 fueron:

Betis: Prats, Merino, Roberto Ríos, Vidakovic, Jarni, Josete (42' Ureña), Alexis, Nadj (88' Bjelica), Alfonso, Pier (45' Cañas) y Finidi.

Sevilla: Unzué, Rytter (70' Galván), Ramis (62' Salva Ballesta), Hibic (48' Onésimo), Prieto, Tsartas, Oulida, Prosinecki, Marcos, Loren y José Mari.

Los entrenadores eran Lorenzo Serra Ferrer por el bando local y Julián Rubio por parte de los sevillistas, cuarto entrenador que dirigía al equipo en una temporada en la que hasta Bilardo pasó por el banquillo de Nervión. Carmona Méndez, ese árbitro tan español, fue el encargado de dirigir la contienda.

Los jugadores béticos protestan un gol fantasma en la última jugada del partido.

Pronto se adelantó el Betis por medio de Jarni, pero poco después un penalti y expulsión de Roberto Ríos que transformaba Prosinecki (dos nombres que van a ser VIP en esta sección) colocaba el empate en el marcador. A pesar de la inferioridad, el Betis se repuso y justo después del descanso volvía a marcar Jarni. Así aguantó el partido hasta el tramo final, donde tras la supuesta sentencia de Cañas a falta de poco más de dos minutos, todo se descontroló. Justo al comenzar el tiempo de descuento, un jovencísimo Salva Ballesta recortaba distancias en el marcador, y prácticamente a continuación, Galván anotaba el 3-3 y silenciaba al Villamarín. Aún con eso le quedó tiempo al Betis para, en la última jugada del partido, disponer de una falta en la frontal que acabaría en gol fantasma. Los béticos vieron la pelota claramente dentro, los sevillistas no dudaban de que había quedado fuera. Lo cierto es que nunca hubo una toma de televisión lo suficientemente clara para determinar la posición de un balón que sobrevoló la línea de gol a media altura. Con eso expiraba una auténtica locura de partido, de esos que engrandecen el fútbol y nos recuerdan que en este deporte todo puede pasar, y más en un derbi.

Aquí tenéis los últimos 9 minutos de partido (comienza justo antes del 3-1 del Betis):


Europa quiere al Betis

Los verdiblancos asaltan el estadio de su eterno rival en el primer derbi de la historia europea

SEVILLA 0 - 2 BETIS

Hasta hace bien poco, la Europa League era una molestia para el Betis. Conseguido el billete en un brillante curso pasado, las constantes penurias del presente hacían que la segunda competición continental pareciera un engorro para los béticos más que una motivación extra. El combinado ahora dirigido por Gabriel Calderón, colista en la liga, superó contra todo pronóstico su cruce contra el Rubin Kazan y se plantó en el sorteo de octavos de final, donde el azar decretó que justo este año iba a darse el primer derbi sevillano en la historia de las competiciones europeas. Parecía más un drama innecesario que una ocasión para reivindicarse. Los antecedentes directos no eran ni mucho menos halagüeños, y el Sevilla, colocado en la lucha por plazas europeas en la competición doméstica, se frotaba las manos.

Buscaron los de Emery colocar la situación de cara cuanto antes. A los quince segundos, de hecho. En un comienzo eléctrico que recordó a aquel reciente derbi liguero que dejó un golazo de Reyes al primer compás, Carlos Bacca se plantó en el pico del área dispuesto a ajusticiar a una de las dos principales variantes que presenta este renovado Betis de las últimas semanas: Adán. El mejoreño desvió el disparo del colombiano, cambió el guión del partido y se comenzó a erigir en la figura visitante. La otra variante del Betis actual es Leo Baptistao. Recordando a su versión más punzante, la que vimos en Vallecas la pasada temporada, a partir de sus movimientos entre líneas comenzaron a crecer los verdiblancos -ayer verdinegros- hasta que ese crecimiento se reflejó en el marcador justo antes de cumplir el primer cuarto de hora. Juanfran, muy activo toda la noche, ponía un peligrosísimo centro al área pequeña que el brasileño, perfectamente colocado, cabeceaba con violencia a la red sin que Beto pudiera hacer nada. El portugués había protagonizado la polémica de la previa, al ocupar la portería del Sevilla a pesar de que Unai Emery había asegurado al canterano Javi Varas que él jugaría la competición europea.

Se presentaba un escenario absolutamente inesperado, con un gol en campo contrario que multiplicaba las opciones del Betis. El Sevilla, en cualquier caso, lejos de amilanarse, comprendió que el partido necesitaba un vuelco y centró sus movimientos en tres cuartos de cancha en sus dos hombres más peligrosos: Reyes, que en estos partidos se crece, y sobretodo Rakitic, el mejor jugador de las filas sevillistas con bastante diferencia. El croata es ahora mismo la principal arma ofensiva de los de Emery, pero su compromiso defensivo impresiona. Su despliegue reactivó a todo el cuadro local, y en ese momento el partido entró en su fase más intensa. Las ocasiones se sucedían, sobretodo contra la portería de Adán, que siguió completando una primera parte de ensueño mostrándose seguro ante Bacca, primero, y haciendo una descomunal parada con el pie izquierdo en un uno contra uno con José Antonio Reyes a cinco minutos del intermedio. El Betis no dormía, al contrario, de hecho apunto estuvo Cedric de subir el segundo al marcador en un cabezazo que exigió a Beto. En la contra a esa jugada, como ejemplo de la velocidad en aquel momento del partido, Vitolo tuvo el empate en sus botas tan sólo unos segundos después, en un desmarque perfectamente leído por Reyes. La pelota besó el lateral de la red.

Llegó el Betis al descanso por delante, y con la sensación de que lo peor podía haber pasado. Lo intentó Emery, no obstante, metiendo más dinamita arriba con Gameiro. El francés se encuentra en una impactante baja forma, y sólo tuvo una ocasión clara que fue incapaz de aprovechar, rematando en semifallo. Esa jugada llegó justo a continuación de otro aviso del Betis, con un remate cruzado del hiperactivo Leo que tapó Beto. Seguía el Sevilla obligado a llevar la iniciativa, pero las combinaciones no eran tan efectivas y los nervios entraban en escena, más aún cuando Salva Sevilla, que había sustituido diez minutos antes a un sorprendido y desaparecido Rubén Castro, controló en la frontal, no se lo pensó y chutó con muchísima intención poniendo el esférico en el lateral de la red. Por dentro. El Betis había incenciado oficialmente la eliminatoria, restando menos de media hora del partido de ida.

A partir de ahí el partido se cargó de brusquedad -en cualquier caso no tanto como para el ataque de árbitro que tuvo el turco Cakir, decidiendo añadir seis minutos al tiempo reglamentario-, y entró en un ritmo cortado que favorecía claramente al Betis. Los de Calderón jugaban con el tiempo, mientras el Sevilla se enojaba con los elementos, como muestra el ex-internacional Fernando Navarro sacando a las asistencias sanitarias del terreno de juego a empujones. No fue capaz el cuadro sevillista, ni siquiera en los seis minutos extra, de ajustar la eliminatoria, y el Betis, mientras sigue echando cuentas en casa a la voz de "sí se puede", se exhibe por Europa haciéndole un siete a su eterno rival. El fútbol es así.

Leo, Jordi y Caro corren a felicitar a Salva Sevilla tras el gol de este último. AFP





miércoles, 12 de marzo de 2014

El Atlético se siente grande

Los rojiblancos obtienen el billete a cuartos de final de la Champions a costa de un inconsistente Milan

ATLÉTICO MADRID 4 - 1 MILAN

Que no era una noche más se percibía ya en los aledaños del Vicente Calderón. Era una cita histórica y todo el mundo era consciente de ello. El Atlético no disputa unos cuartos de final de Liga de Campeones desde 1997, y no superaba una eliminatoria en dicha competición desde hacía más de tres décadas. La renta obtenida en San Siro parecía suficiente como para, al menos, encarar el envite con optimismo. El Manzanares lucía repleto y espectacular, con miles de banderas rojiblancas al viento que recordaban a aquella noche de Gerland en la final de la Recopa de 1986. A gran noche europea, en definitiva. Aunque esta iba a tener un final mucho más feliz.

En Champions no hay tarea fácil. Nunca. Que se lo digan si no a la parroquia colchonera, que sufrió de lo lindo durante un buen tramo de la primera parte. Y eso que la noche había comenzado inmejorable para los intereses locales, que tras un comienzo arrollador, pusieron de cara la eliminatoria con un golazo en el segundo minuto de partido de Diego Costa, que tras una recuperación de balón de Gabi y un delicioso servicio de Koke, se estiró al más puro estilo Torres para introducir el esférico con la puntera en la portería lombarda. El de Lagarto promedia un gol cada cincuenta y tres minutos en esta edición de la Champions. Poca broma.

Sufrió entonces el Atlético un empacho de felicidad. A pesar del gol en campo contrario, los de Simeone querían anotar un gol pronto, y lo habían conseguido. Todo parecía bajo control. Era una final con dos a cero en el marcador. Lo que siguió entonces fue entregarle el balón al Milan y esperar replegado al contragolpe. Era un plan lógico, pero se pasó el Atlético entregando y esperando, las dos cosas. Durante veinte minutos el balón quemaba a los locales, dejando a jugadores como Kaká o Poli -sin noticias anoche de Taarabt, muy incisivo en la ida- ir creciendo poco a poco. Hasta el punto de que, en medio de la pájara atlética, Andrea Poli consiguió superar a Filipe Luis, internarse por la banda derecha y dibujar un centro a la espalda de Juanfran que Kaká cabeceaba a puerta certificando el empate en el marcador. Fue el brasileño el jugador más peligroso de los rossoneri de largo. Con una movilidad pasmosa, toda jugada de ataque pasaba por él, ya fuera por la izquierda o por la derecha. Sigue siendo un mediapunta mayúsculo, pese a su aura de ex-futbolista. Otra cosa es Balotelli. Anoche estaba, sí. E infundía peligro con su mera presencia, también. Pero ayer tocó el Balotelli enfadado. Su partido fue una continua queja, y su actuación fue más bien gris, fabulosamente contenido por Miranda.

Poco después, tuvo Kaká en su cabeza el segundo tanto milanista, en un remate franco sin oposición que lo menos lógico es que acabara fuera. Y acto seguido, cuando más miraba el seguidor colchonero el reloj anhelando un descanso que enfriara aquel desbarajuste, la fortuna le guiñó un ojo a este apuesto Atlético. Arda, muy motivado toda la noche, combinó con Diego Costa en la frontal, no se lo pensó y remató a puerta. Su disparo, no mal encaminado, rebotó en Ramí y cambió por completo su dirección, colándose en la portería de un indefenso Abbiati. Volvía el viento a soplar de cara y entonces el Atlético se hipervitaminó. Sólo quedaban cinco minutos para el descanso, pero éste pasó a ser deseado por los visitantes, que veían como Raúl García casi conseguía el gol de la temporada en una impecable chilena que se fue lamiendo el poste.

A la vuelta del intermedio el Atlético ya no bajó la guardia. Aupados por un inconmensurable y ejemplar Gabi, que situaba la línea de presión prácticamente en el área rival, los rojiblancos exhibieron oficio y pegada en una segunda mitad que cerró la eliminatoria. Precisamente Gabi la tuvo después de una descomunal arrancada de Diego Costa, que le dejó solo frente a Abbiati, aunque esta vez la suerte no se alió del bando colchonero y el esférico tocó la cruceta por fuera. No importó, porque poco más tarde llegó la habitual aportación goleadora de Raúl García, que hace que rematar a puerta un centro a balón parado parezca pan comido. Se anticipó a De Jong con increíble suficiencia y mandó el esférico a la red. El Calderón ya era una fiesta, y ni se inmutó con el balón que mandó al larguero Robinho en el epílogo rossonero. Diego Costa, depredador como es, redondeó el marcador a falta de cinco minutos con una perfecta definición cruzando el balón, tras un control orientado en el pico del área pequeña que Daniele Bonera todavía anda buscando. El Milan, siete veces campeón de Europa, ya conoce al Atlético, que estará en el sorteo del día 21 en Nyon. Entre los ocho mejores equipos del continente. Y da la impresión de que va a costar mucho tumbarle.


Diego Costa se marcha entre Nigel De Jong y Andrea Poli. EFE


domingo, 2 de marzo de 2014

El Madrid sobrevive al Calderón

Los rojiblancos acarician la victoria en un choque con alternativas de principio a fin

ATLÉTICO MADRID 2 - 2 REAL MADRID


Se preveía el derbi de esta tarde en el Vicente Calderón como un duelo de alta tensión. Con los dos equipos en lo más alto de la clasificación, el envite era una prueba de fuego para ambos. Y para el Atlético, aunque esa mastodóntica y quién sabe si posible empresa que es ganar la liga a Madrid y Barça no es su objetivo inicial ni lógico, suponía mucho más daño matemático la derrota. No han perdido en su feudo los rojiblancos en todo el año, y Ancelotti conocía bien el dato y advertía de ello en la previa. De nada valía el enfrentamiento copero previo que vivimos hace un mes. El Calderón iba a apretar mucho, con lo que el Madrid tenía que intentar imponer su ley. El comienzo del choque fue perfecto para los blancos. En un córner que ni Delgado Ferreiro ni el asistente señalaron hasta que Di María colocó el balón en la esquina, el argentino, tras una estratégica combinación en el pico del área, dibujó un perfecto centro a la espalda de la defensa que Benzema sólo tuvo que empujar. Sólo tres minutos y el Madrid se ponía por delante. Parecía el guión de tantos y tantos derbis.

El Madrid tenía, entonces, el partido donde quería. Pero este Atlético no es el mismo, y mientras quizás en otras ocasiones el golpe psicológico hubiese sido insalvable, los de Simeone no se descompusieron y empezaron a crecer a base de empuje de su afición. Con una defensa perfectamente asentada y la sempiterna intensidad que ha caracterizado al Atlético en sus grandes partidos, cambió el viento en contra y comenzó a creer. En los primeros 20 minutos del partido hubo auténtica electricidad en el césped. Todo balón era una guerra y nadie estaba relajado. Para cuando el primer período había llegado a su ecuador el Atlético ya olía a gol. Y casi lo encuentra cuando Sergio Ramos zancadilleó a Diego Costa dentro del área, sin falta según el colegiado. Poco después, con el Madrid agazapado atrás esperando un contragolpe mortal, Arda se paseó por la frontal del área con la suficiencia de los jugadores distintos, esperando su momento, y cuando todo el mundo basculaba hacia el lado opuesto, él vio a Koke libre de marca. El canterano recibió y empaló la pelota abajo, inalcanzable para Diego López. Volvíamos al principio.

El plan del Madrid en ese momento fue resistir al subidón psicológico que se había generado en los colchoneros, y no fue capaz de conseguirlo antes del descanso. Los de Ancelotti, muy cuajados en este tipo de situaciones, intentaban sostenerse y lo conseguían con un omnipresente y esencial Xabi Alonso, desde la destrucción del juego -las faltas tácticas del tolosarra son una constante que rara vez provoca tarjeta- hasta la construcción. Mientras Modric deambulaba más anulado que de costumbre por Mario Suárez, Xabi se multiplicó. Eso le valió a los visitantes para mitigar el peligro hasta el filo del descanso, cuando Gabi, en una jugada con apariencia de ensayada pero con una resolución nada previsible, conectó un seco derechazo desde 35 metros que se coló por la escuadra derecha de Diego López, que veía sorprendido como, pese a sus casi dos metros de altura, el balón irrumpía en la red.

A la vuelta del descanso la contienda siguió donde la habíamos dejado. Los del Cholo tenían muy aprendido el camino: intensidad y definición. Por ahí, Diego Costa estuvo apunto de matar el partido en un balón largo a la espalda de los centrales blancos que él cruzó demasiado, y Arda rozó también el tanto en un cabezazo que redimió a Diego López. El Madrid aguantaba y buscaba darle un giro al partido rápidamente, antes de que se les escapara definitivamente. La tensión acumulada se podía apreciar en las protestas visitantes -mención especial para un Pepe que simuló sendas agresiones-, pero pronto un remate cruzado de Benzema y un peligroso lanzamiento de falta de Cristiano que golpeó en el brazo pegado al torso de Gabi, hicieron recuperar a los merengues la sensación de que para cuando al Atlético se le acabara la gasolina, lo cual era previsible, podrían cambiarle el final a la noche con su monumental pegada.

Y eso ocurrió. Con el Atlético fundido, el Madrid dio un paso adelante en el último cuarto de hora, conscientes de que una derrota les complicaba el campeonato soberanamente. Cristiano y Bale comenzaron a dejarse ver y la sensación de peligro aumentó y mucho en el área rojiblanca. La tuvo el galés de cabeza, en un venenoso remate que sacó con reflejos Courtois y, en una respuesta colchonera, Diego Costa vio el suelo por tercera vez en el área madridista, para esta vez recibir tarjeta amarilla. Esto provocó el estallido de Germán Burgos que, absolutamente fuera de sí y sujetado por no pocos integrantes de su banquillo, fue expulsado del terreno de juego, hecho una fiera. Sólo un poco después, en probablemente el único fallo defensivo de Mario Suárez en toda la noche, Carvajal aprovechó la ocasión para llegar hasta la línea de fondo y fabricar un pase de la muerte al corazón del área que acabó en los pies de Cristiano Ronaldo, que con muchísima calidad puso la pelota en la cepa del poste derecho de Courtois, igualando la contienda. Al Atlético no le quedaban fuerzas, y el Madrid pudo incluso sacar más botín de su visita, con un disparo de Modric desde la frontal que se marchó alto. A los de Ancelotti el punto les vale para mantener la distancia con su vecino y continuar líder en solitario. A los del Cholo la sensación que les dejaba el pitido final era que, con todos sus argumentos sobre la mesa y un trabajo encomiable, no les había bastado para vencer a su eterno rival y colocarse así definitivamente entre los transatlánticos de esta liga de dos que, de momento, sigue siendo de tres.



Koke se dispone a chutar en el primer gol del partido. AS