Los leones alzan su primer título en 31 años a costa de un plomizo Barça
BARCELONA 1 - 1 ATHLETIC
BARCELONA 1 - 1 ATHLETIC
Nunca se había remontado un 4-0 en contra en la historia de la Supercopa de España, torneo del que se discutirá por siempre su importancia pero nunca su atractivo, y que jamás ofrecerá duelos anodinos. A pesar de la evidente ventaja que el formato a doble partido otorga al equipo poderoso, en este caso el Barça traía un considerable rapapolvo en el zurrón de su viaje a San Mamés el pasado viernes: 4-0. Sin embargo, se sabían uno de los pocos equipos capaces de poder oficiar una remontada de ese calibre y así lo hicieron notar durante los días posteriores al choque de ida.
Desde la alineación se pudo apreciar que el cuadro de Luis Enrique iba a ser distinto al de tres días atrás. Bravo sustituía a Ter Stegen bajo palos, en un clarísimo toque de atención al cancerbero alemán tras los ocho goles encajados ante Sevilla y Athletic. El resto, el once de gala que le permitían las circunstancias, Pedro y Mathieu mediante, por los aún convalecientes Neymar Jr. y Jordi Alba. No alcanzó. El francés, fuera de sitio en el lateral, completó una de sus peores noches con la camiseta azulgrana, errando constantemente, principalmente en el gol de Aduriz que sentenció la noche.
El partido, como se esperaba, comenzó eléctrico. A los cinco minutos de juego Luis Suárez había dispuesto ya de una magnífica ocasión para abrir el marcador, desviada por la defensa visitante a un saque de esquina en el cual Piqué, posterior protagonista negativo, estrelló el balón en el travesaño de un violento zapatazo. Fueron dos golpes de suerte seguidos que quizás cambiaron definitivamente el devenir del partido. El Athletic estaba impreciso en la circulación, pero exhibió una presencia física y una concentración defensiva encomiables. Ese factor consiguió que a partir de ese momento, lo que se encontrara el Barça durante los siguientes minutos fuese una justa colección de fueras de juego y poco más.
En ese rato los de Valverde agradecieron la omnipresente figura de Aritz Aduriz, que como un islote en la delantera rojiblanca, aguantó balones y enfrió posesiones con la experiencia del que es ya perro viejo, pero con hechuras de zagal. Incluso pudo poner punto final a la fiesta mucho antes, si Eraso -muy activo toda la noche- hubiera levantado la cabeza después de superar a Mascherano tras otro regalo posicional de Jérémy Mathieu. Disparó él mismo contra el lateral de la red, y tan sólo cinco minutos después Leo Messi, en la otra portería, aprovechaba una magistral dejada con el pecho de Luis Suárez para abrir el marcador. El Barça comenzaba a creer, justo antes del descanso.
Aún así, el segundo periodo nos trajo el mismo planteamiento por parte del Athletic. La defensa muy adelantada, con un descomunal Bóveda tapando a Pedro y Balenziaga haciendo lo propio con Messi, aunque de la sensación de que el argentino está cuando quiere, y ayer tocaban nones. Todo esto enfrió una reanudación que el público del Camp Nou, ayer especialmente turista, esperaba con total seguridad más contundente por parte de los blaugrana. De hecho, a los diez minutos, tras la enésima imprecisión defensiva de los de Luis Enrique, Aduriz se plantaba solo ante Bravo, que con mucho oficio cerró las piernas y evitó el empate. El mismo oficio que, una vez más, no demostró Gerard Piqué, que en sus protestas al asistente por un supuesto fuera de juego en esa misma jugada vio la cartulina roja directa.
Aquello, en cualquier caso, lejos de amilanar al Barça, le espoleó. Al menos durante unos minutos de frenesí que trajeron otras dos ocasiones muy claras en las botas de Pedro y Rakitic, respectivamente. Los de Valverde perdían precisión, pero el reloj jugaba a su favor. Mientras, Luis Enrique quemaba cartuchos introduciendo a unos invisibles Sandro y Munir en el campo, en una doble sustitución que sacaba a Pedro del césped del Camp Nou, quién sabe si por última vez. Y tras una última oportunidad de Suárez culminando la única conducción peligrosa de Leo Messi en todo el encuentro, el Barça se desdibujaba en un pelotazo largo de Laporte que Mathieu no supo defender de cabeza ante De Marcos, que dejaba a Aduriz completamente solo ante Bravo. Tanto, que después de que el solvente arquero chileno despejara el primer remate, el balón quedó de nuevo a los pies del ariete, que, con total tranquilidad, empató el partido y mató la eliminatoria.
No vimos mucho más. Apenas dio tiempo a un par de arrancadas de orgullo de Luis Suárez y a una rocambolesca y exagerada expulsión de Kike Sola, que había entrado escasos minutos antes sustituyendo al héroe de la noche. La gesta se había completado. No sabemos si es para gabarra o no, pero el Athletic de Bilbao, tres décadas después, es supercampeón de España. Y en el Camp Nou. Es para celebrarlo.
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| El Athletic de Bilbao celebra la Supercopa. JUAN FLOR (AS) |

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