REAL MADRID 3 - 4 BARCELONA
Era el choque de anoche una cita de aúpa para el aficionado al deporte rey. Si de costumbre es así con estos dos equipos, lo es más aún con el campeonato cerca de expirar y todas las aspiraciones en juego. Para el Madrid la cita se presentaba como una ocasión perfecta para dar un golpe de autoridad eliminando al Barça de la carrera. Los catalanes se presentaban con muchas dudas, pero necesitados de buscar la victoria para no quedar definitivamente descolgados. La noche prometía mucho, todos el mundo pronosticaba un partido grande. Pero acabó resultando eso y mucho más.
El Clásico comenzó con brío. Neymar y Benzema, respectivamente, en los primeros compases, se acercaron ya con peligro a la portería rival, y era el Barcelona el equipo que más reconocible se presentaba. Abrazó la pelota, y en los primeros quince minutos de partido controló el tempo del partido a la perfección. Justo cuando esa sensación se estaba haciendo palpable, Messi dejó su primer gran detalle con un pase perfecto a la espalda de Carvajal, más pendiente de Xavi y sin ayuda alguna de Bale, que dejaba sólo a Iniesta para clavar el balón en la red con un zurdazo seco. Comenzaban golpeando los de Martino, y al Madrid le tocaba remar contracorriente, algo inesperado.
Tras el gol los blaugrana siguieron controlando la posesión, con un Cesc incrustado entre los centrocampistas, y tuvieron la oportunidad de aumentar la distancia en el marcador tras un pase del mismo Fàbregas que plantó sólo a Messi ante Diego López. El argentino, en su única imprecisión de la noche, cruzó en exceso el balón y perdió la oportunidad. Fue entonces cuando Di María rescató al Madrid. Ya había avisado unos minutos antes con una fabulosa internada tras la que dejó a Benzema solo ante Valdés, y el francés mandó la pelota alta. Parecía que el ariete había desperdiciado una oportunidad de oro, pero entre Di María y Mascherano se encargaron de fabricarle tres ocasiones de gol más en un cuarto de hora. Dos de ellas acabaron en gol. El primero fue un envenenado centro al área del fideo, al que Benzema se lanzó con mucha potencia imponiéndose al central argentino y cabeceando a la red haciendo inútil la estirada de Valdés, que pese a tocar el balón no logró sacarlo de los tres palos. El segundo, muy poco después, fue una auténtica demostración de recursos del galo. Tras otra internada de Di María, Mascherano se comió su envío atrás y Benzema pinchó el balón con el muslo para, sin dejarla caer, ajusticiar a Valdés mandándole al palo contrario. En plena catarsis, Di María todavía tuvo tiempo de evidenciar las carencias defensivas de Dani Alves y Mascherano, regalando otro gol a Benzema que Gerard Piqué salvó sobre la misma línea de gol.
Estaba el Madrid hinchado, le había dado la vuelta al partido, soplaba el viento de cara y ni siquiera había necesitado a Cristiano. La regeneración espontánea de los de Ancelotti era un hecho, y había llegado a las bravas, por la vía rápida, como gusta en Chamartín. Pero cuando más achuchaba el Madrid, apareció otra vez Messi. Él mismo se ocupó de, en unos pocos segundos, transformar una posesión aparentemente tranquila en un ataque vertiginoso, brindarle una asistencia de gol a Neymar, adelantarse a Sergio Ramos en el rechace y empalar la pelota abajo, inalcanzable para Diego López. Otro nivel.
Antes del descanso Benzema tuvo otra ocasión más rematando con la cabeza ligeramente desviado un centro de Carvajal, pero el descanso dejaba un batiburrillo de sensaciones al Madrid. Se sentía capaz de ganar, pero todo su arsenal había venido mediante descargas eléctricas. En el gobierno del centro del campo se imponía claramente el equipo del Tata. Iniesta era una constante sensación de peligro y el Barça en general estaba desplegando cómodamente su juego. Por el bando local se echaba principalmente en falta a Xabi Alonso. Mientras Modric estuvo muy activo y dificultó mucho junto a Di María las transiciones culés, el tolosarra anoche estuvo muy gris, desbordado en todo momento. Y cuando Xabi no conecta el Madrid lo nota, y mucho. Aún así, a la vuelta del descanso el Madrid salió decidido a matar el partido, y tras otra ocasión de Benzema -esta vez en fuera de juego- que desbarató Valdés, Cristiano por fin apareció y se deshizo fabulosamente de Alves en el pico del área, obligando a éste a zancadillearle. Fuera del área, pero Undiano pitó dentro. Ronaldo ejecutó la pena máxima sin la mínima intención de engañar a Valdés ni la mínima duda. Absolutamente imparable.
El partido se había volcado otra vez del lado madridista, pero entonces Messi decidió reescribir de nuevo la escaleta. Cuando más se esperaba la sentencia local, el argentino se inventó un pase entre líneas de cuarenta metros que fue un doble regalo, para Neymar y para el Tata -Pedro aguardaba apunto de salir para terminar de dar por fallida su apuesta de anoche por el brasileño en el once-, y un cepo para Sergio Ramos, que no pudo evitar que su pierna se cruzara con la del extremo, que ya encaraba a Diego López. Penalti y expulsión. Messi cogió la pelota y la introdujo en la red con tranquilidad y precisión. Ahora, otra vez, el escenario era completamente inverso. El Madrid, en inferioridad numérica, ahora valoraba el empate, y el Barça se veía ante una oportunidad de oro para obtener los tres puntos. Una montaña rusa.
En cualquier caso, quedaba mucho tiempo, pero no fue un asedio visitante. Un disparo lejano de Alves que se estrelló en el poste había sido el mayor susto para los merengues, hasta que el siempre imprevisible Iniesta caracoleó dentro del área en la acción que acabó por redondear la fallida actuación de Xabi Alonso. El de Tolosa derribó con el muslo al de Fuentealbilla y le otorgó la victoria en bandeja al Barça. Messi completó su hat trick haciendo que tirar dos penaltis en el Bernabéu que pueden valer una liga parezca un juego de niños. Balón a la escuadra y 3-4. Y hasta ahí. Ya no hubo más giros. El Madrid cerraba su estadística contra los grandes con un punto de doce posibles, y es el único de los tres que, a falta de nueve jornadas, no depende de sí mismo. Los de Ancelotti habían visto el partido y el liderato en su mano dos veces, pero Messi decidió un final alternativo. Y de paso, hizo líder al Atlético. 70. 70. 69. Vaya que si hay Liga.
En cualquier caso, quedaba mucho tiempo, pero no fue un asedio visitante. Un disparo lejano de Alves que se estrelló en el poste había sido el mayor susto para los merengues, hasta que el siempre imprevisible Iniesta caracoleó dentro del área en la acción que acabó por redondear la fallida actuación de Xabi Alonso. El de Tolosa derribó con el muslo al de Fuentealbilla y le otorgó la victoria en bandeja al Barça. Messi completó su hat trick haciendo que tirar dos penaltis en el Bernabéu que pueden valer una liga parezca un juego de niños. Balón a la escuadra y 3-4. Y hasta ahí. Ya no hubo más giros. El Madrid cerraba su estadística contra los grandes con un punto de doce posibles, y es el único de los tres que, a falta de nueve jornadas, no depende de sí mismo. Los de Ancelotti habían visto el partido y el liderato en su mano dos veces, pero Messi decidió un final alternativo. Y de paso, hizo líder al Atlético. 70. 70. 69. Vaya que si hay Liga.









